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Reportaje:Fútbol internacional

'Dios' se cae del pedestal

Con el Liverpool alejado en la Liga y casi eliminado en la 'Champions', Anfield cuestiona a Benítez tras haberlo idolatrado durante cinco años

"Desolado" el capitán y alma de los reds, Steven Gerrard, por la marcha en verano de su compañero Xabi Alonso; eliminado casi el Liverpool de la Champions, su feudo preferido en los últimos años; y alejado ya del líder de la Liga, el Chelsea, en un título que se le resiste al club de Mersey desde 1990, el entrenador, Rafa Benítez, ha caído del pedestal de Anfield. En los mercadillos de Liverpool se venden chapas con su efigie, convertida en mito desde su épica victoria en la Champions de 2005 ante el Milan en Estambul.

Pero, tras cinco años en el cargo, los defectos del preparador español empiezan a verse más que las virtudes. La grada, que lo convirtió en un héroe enfrentado a los dueños estadounidenses de la entidad, los villanos Tom Hicks y George Gillett, se ha dividido, según las encuestas de los diarios. Y los ex jugadores, tan generosos antes, le atizan sin piedad en los medios de comunicación. Le recuerdan, por ejemplo, los 46 jugadores llegados durante su mandato, que costaron 327 millones de euros, atenuados por los 48 que se fueron dejando en caja 198 millones. Tan angustiado está el técnico español que le ha pedido a Fernando Torres (máximo anotador de la Premier con 10 goles), aquejado del pubis que aplace su recuperación hasta después de medirse hoy al Birmingham.

"Es difícil que diga algo bueno de sus jugadores", cuenta en su autobiografía Carragher

Torres iba a ser padre y Benítez le felicitó por su partido: "Llegaste bien al primer palo"

"Es de esos tipos que conoces en un bar y es experto en todo", le define el defensa

A pesar del acierto con Torres o Alonso tiene una larga lista de 'gatillazos' al fichar

La marcha de Alonso al Madrid ha tenido un efecto demoledor en el juego del equipo, que ha perdido la personalidad de un centro del campo formado por Mascherano, Alonso y Gerrard. Trabajo, clase y llegada. Se les unió el gol de Torres para acariciar, la pasada campaña, una Liga que les arrebató el Manchester por cuatro puntos. A pesar de que el Liverpool sólo perdiera dos partidos y ganara al Manchester y al Chelsea fuera y en casa, con un sonado 1-4 en Old Trafford. Fue lo más cerca que ha estado Benítez de una Liga en Inglaterra.

El sustituto de Alonso, el italiano Aquilani, lesionado desde marzo, apenas ha participado. La baja forma de Mascherano y la excesiva responsabilidad del joven Leiva han hecho el resto. The Kop añora a Alonso, muy identificado con Anfield hasta que se enteró de que Benítez trataba de venderlo al Juventus para financiar el fichaje de otro mediocentro, Barry, capitán del Aston Villa, ahora en el Manchester City. Alonso se sintió apuñalado y un año después decidió perder de vista al técnico español.

La mano izquierda nunca fue un punto fuerte de Benítez. Los jugadores del Valencia le llamaban Dios porque, decían, cree que lo sabe todo de fútbol. "En privado era crítico con el equipo, claro que también lo era con su Valencia, que yo pensaba que era tan bueno. De hecho, es difícil que Rafa diga algo bueno de los jugadores o equipos con los que ha trabajado", confiesa en su autobiografía el defensa Jamie Carragher, uno de los más leales al entrenador madrileño.

Su frialdad también es legendaria. Un día en Melwood, el campo de entrenamiento de los reds, Torres recibió la enhorabuena del técnico. A Fernando se le iluminó la cara de los padres primerizos, creyendo que le felicitaba por su inminente paternidad. "Ante el Chelsea llegaste bien al primer palo", le dijo. "Somos piezas de una máquina para Benítez", abunda Gerrard.

Su antecesor en el banquillo, Gerard Houllier, enviaba ramos de flores a los familiares de los jugadores con algún problema. "Con Rafa, no he hablado de nada que no sea de fútbol. Su habilidad para hablar durante horas de jugadores, tácticas y rivales me acercó a él", narra Carragher, a quien Benítez le pasó DVDs del Milan de Sacchi de los ochenta para que analizara a Baresi. "He jugado mi mejor fútbol con Rafa. En cada entrenamiento me ha dicho cómo mejorar. Es un entrenador defensivo más que ofensivo, de ahí que los defensas seamos los que más nos beneficiamos", añade. Ahí coinciden todos. También los futbolistas del Valencia que menos lo soportaban, Albelda y Baraja, reconocieron su legado cuando se marchó.

En su condición de referente del Liverpool, Carragher se atreve a escribir esta definición del boss: "A Rafa lo veo como uno de esos profesores que te sacan de tus casillas por estar corrigiéndote todo el tiempo, pero que, al echar la vista atrás, te das cuenta de cuánto aprendiste de él. Es uno de esos tipos que te encuentras en la esquina del pub y que es un experto de cualquier materia. Si le cuentas una historia, te contará una más larga. Si un chiste, ya lo sabe o te explica cómo contarlo mejor. El problema con estos tipos es que si dan tanto la tabarra durante la semana, llega el sábado por la noche, la gente bebe demasiado y con una palabra de más el sabelotodo es noqueado. ¡Mejor le digo a Rafa que tenga cuidado con dónde va a beber!".

Benítez llegó del Valencia en 2004 con un equipo de trabajo que, por diferentes razones, se fue deshaciendo. Paco Herrera, jefe de ojeadores y mánager del filial, regresó en 2006 con su familia. José Manuel Otxotorena, preparador de porteros, se fue en 2007; y, al poco de comenzar la temporada 2007-08, se desvinculó Pako Aiestaran, "el mejor preparador físico de Europa", según le confesó Benítez a Gerrard. Rafa acusó a Aiestaran de deslealtad por haber negociado con otros clubes. Benítez se peleó con el anterior director general, Rick Parry, y también con una leyenda de los reds, el ex jugador y 20 años encargado de la cantera Steve Heighway, reverenciado por los futbolistas que crecieron a sus órdenes: McManaman, Fowler, Carragher, Gerrard y Owen. Heighway abandonó el club en abril de 2007. La cantera ya era otra cosa. Siguiendo la estela de Arsène Wenger, Houllier había iniciado la nueva filosofía de reclutamiento global con Sinama Pongolle y Le Tallec. Benítez la llevó al extremo, llenando Melwood de jóvenes talentos de todo el mundo. Al contrario que en el Arsenal, sin frutos. Al menos hasta la semana pasada ante el Lyon, con una esperanzadora actuación del defensa Martin Kelly.

De sus numerosas batallas internas, una le dio muy buen resultado. En mayo, el equipo de Benítez disputó la final de la Champions en Atenas, la segunda en tres años, y aunque perdiera ante el Milan, el preparador español atacó públicamente a los propietarios de la sociedad para que invirtieran en fichajes. Éstos se la guardaron y, en noviembre, negociaron con Jürgen Klinsmann. La hinchada reaccionó furiosa contra esos yanquis ignorantes de fútbol y arropó al entrenador, renovado en marzo por cinco años y con todos los poderes: fichajes, cantera y 25 millones para refuerzos. Claro que, en ese presupuesto, los directivos le colaron al técnico las mejoras contractuales de Reina, Torres, Gerrard, Benayoun, Kuyt y Agger.

Esa ha sido una de las obsesiones de Benítez desde su llegada: la mayor potencia inversora del Chelsea en los primeros años y del Manchester en los últimos. "Queríamos que el Liverpool fuera el nuevo Valencia y fastidiara al Chelsea, al Manchester y al Arsenal como había hecho con el Madrid y el Barça sin derramar millones", explica Carragher. "El músculo económico del Chelsea era mayor que el del Madrid y el Barça, el Manchester había construido un equipo formidable tras 20 años con Ferguson y el Arsenal venía de haber estado invicto la campaña anterior. Ganar la Liga con el Liverpool no era comparable a ganarla con el Valencia y Benítez se dio cuenta pronto".

El Liverpool perdió la hegemonía en la Premier cuando se retiró del banquillo Kenny Dalglish, en 1990. Ninguno de los entrenadores posteriores ha podido alcanzar al Manchester: fracasó Graham Souness; Roy Evans no reparó el daño; Houllier se mantuvo alejado; y Benítez, salvo el pasado año, tampoco ha puesto en aprietos al United. Su política de fichajes ha sido muy cuestionada. A pesar de los aciertos de Xabi Alonso, Reina, Mascherano y Torres, hay una nómina larga de errores, con gatillazos tan sonados como el de Fowler o el de Robbie Keane, que retornó al Tottenham a los pocos meses.

"Sólo Xabi Alonso me impresionó de inmediato. La contribución de Luis García fue como la primera temporada de Benítez: fantástica en Europa y ferozmente inconsistente en la Liga", analiza Carragher.

- Josemi es como Carragher, le dijo Benítez a Gerrard cuando llegó el defensa.

- Que me jodan, ¿tan malo piensa Benítez que soy?, se preguntó Carragher al enterarse.

"La gran decepción fue Morientes, que tenía técnica, pero no físico para la Premier", remata Carragher. Al final del curso, Núñez, Josemi y Pellegrino, ayudante ahora de Benítez, estaban fuera y Morientes sería el siguiente. Benítez, eso sí, corregía sus errores.

El club estaba deprimido cuando Benítez llegó. Sus estrellas, Gerrard y Owen, a punto de largarse después de un lustro gris a pesar del triplete de 2001. Antes de la Eurocopa de 2004, Benítez se reunió con los internacionales ingleses de los reds: Carragher, Gerrard y Owen. "No sé si te das cuenta de lo malos que somos", le soltó Gerrard como si fuera uno de sus tackles. "Nos falta velocidad", diagnosticó Carragher. "He visto los vídeos y tu problema es que corres demasiado", le espetó Benítez. El mediocentro inglés renunció a una oferta del Chelsea y le dio una oportunidad. Owen se fue al Madrid. Y el técnico instó a que Danny Murphy, uno de los más efectivos, fuera traspasado al Charlton.

The Kop llegó a considerarlo un Mesías. Se ganó el corazón de la afición gracias a la remontada de Estambul. Los fracasos en la Liga fueron minimizados por los progresos en la Champions. Perder ante el Newcastle dolía menos si se eliminaba tres días después al Barça. Pese a sus quejas y conflictos inacabables, Benítez sabe que no encontrará tanto poder y cariño como en Anfield. Su mujer está encantada en Inglaterra. Pero Europa ha dejado de ser un oasis. Y los aficionados se preguntan si hay vida después de Benítez. Carragher sigue creyendo en él: "¿Qué más se podía haber hecho? Si se considera un fracaso que un entrenador de clase mundial como él no gane la Liga, ¿quién nos la va a ganar?".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 9 de noviembre de 2009