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Reportaje:

Un barrio fantasma

El PAU 5 de Alicante, proyectado para 3.300 apartamentos en la playa de San Juan, acumula pisos por vender y carece de servicios básicos

El frenazo en seco del sector de la construcción ha echado por tierra uno de los proyectos urbanísticos más ambiciosos de Alicante: la urbanización del PAU 5, un sector ubicado en segunda línea de la playa de San Juan, entre el campo de golf y el hospital, donde se proyectaron 3.300 apartamentos. Pero sólo se presentó al Ayuntamiento de Alicante solicitud de licencia de obra para un millar.

El resultado ahora es un núcleo residencial fantasma, amplias zonas verdes apenas transitadas, calles desiertas, torres de apartamentos por vender, otras muchas en obras con su esqueleto, solares vallados y en las avenidas ausencia de bares, tiendas o servicios básicos. "Si no tienes vehículos estás perdido, lo peor para nosotros es la suciedad y la seguridad", resalta Pedro Ferrer, un vecino de la zona que tiene 34 años y lleva seis meses viviendo en una de estas urbanizaciones. "Por la noche da miedo, yo llego tarde y apenas hay luz en la calle, a veces pienso que lo mejor es llevar una pistola", admite Pedro, cuya casa, de dos plantas, está rodeada de solares todavía por ocupar. A pocos metros, en la urbanización Marina Golf, Nuño de Miguel coincide en que la "seguridad es el principal problema, llevamos varios fines de semana que roban en los jardines, se llevan bicicletas y lo destrozan todo, para ver pasar a la policía tienes que esperar varios días". Los fines de semana pandillas de adolescentes organizan carreras de motos y practican el botellón en los parques.

"Si no tienes coche estás perdido, lo peor es la suciedad y la inseguridad"

"Antes los pisos se compraban sobre plano, ahora ni con la obra terminada"

En paralelo a la inseguridad, otra traba que acucia a los residentes es la ausencia de servicios. Carmen y Pilar, dos turistas madrileñas que compraron un apartamento, se lamentan de que esté "tan deshabitado, para comprar el pan tenemos que ir lejos, no tenemos bares ni zonas comerciales, tampoco el ambulatorio que nos dijeron". Las dos tienen claro qué ha pasado: "Antes comprábamos los pisos sobre plano, y ahora con la obra terminada no se venden, los bancos han cerrado el grifo y nadie compra".

Las promociones y ofertas para comprar un apartamento son muy atractivas y agresivas, y pese a ello no se vende. Las inmobiliarias que apostaron por esta zona se pillaron los dedos. La urbanización Playa San Juan, del Grupo Inmobiliario Afirma, tiene 95 apartamentos cuyas obras terminaron en marzo pasado, y sólo han vendido un 30%. Esta promotora ofrece un descuento de un 30% sobre el precio inicial (entre los 128.000 euros el apartamento de un dormitorio hasta los 530.000 euros el más caro con 4 dormitorios) e incluso paga entre 3.000 y 9.000 euros a los propietarios que convenzan a otro amigo para que compre. Urbincasa, que ha construido 62 apartamentos en Residencial Alborada, todavía tiene varios por vender, en la fachada luce un gran cartel en el que explican que pagando un alquiler de 550 euros al mes el cliente tiene derecho a compra. En Residencial Parque Leonor, otras 62 viviendas, entre 1 y 4 dormitorios y entre 167.000 euros y 282.000 euros, quedan unas diez por vender. Sin embargo, en este caso han tenido una "demanda importante debido a la solvencia y la trayectoria" del grupo Alicante Urbana, en el que está la constructora Residencial Parque Sofía SL. Fuentes de la empresa explican que la crisis a ellos les permitió entregar las llaves antes de la fecha prevista, y en julio escrituraron las primeras viviendas que estaban previstas para octubre. El Grupo Realia ha construido 154 viviendas en el Boulevard del Mar, de las que ya ha logrado vender un centenar, pero 50 todavía esperan a sus nuevos moradores. La obra acabó en octubre del año pasado, y ahora ofrecen a los clientes "negociar precio y condiciones". La encargada de la venta de los apartamentos admite que las ventas se han empezado a animar algo, "la gente busca obra terminada y descuentos, me estoy hinchando a vender".

Pero mientras tanto decenas de solares están por urbanizar. Es la pescadilla que se muerde la cola: si no hay vecinos no hay comercios ni se dota de los servicios básicos. "Aquí lo malo es que todo está lejos, sin moto estamos perdidos, la zona está vacía y parece un desierto", admiten José y Ángela, dos adolescentes de 17 años, que están solos, completamente solos, sentados en un banco de uno de los amplios parques de esta hipotética zona residencial truncada por la crisis del ladrillo y el exceso de oferta inmobiliaria.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 26 de octubre de 2009