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Reportaje:

El tirón de Felipe y Letizia

Aumenta el trabajo de los Príncipes mientras las infantas adoptan un papel secundario en un ambiente de tensión

La agenda de los príncipes de Asturias está a tope. En la Casa del Rey hacen malabarismos para encajar todos sus compromisos. Hay que atender las peticiones que llegan para contar con su presencia en actos, audiencias, inauguraciones, viajes, premios... "Los Príncipes están de moda", reconocen en el palacio de la Zarzuela. Su trabajo se ha triplicado en lo que va de año. Basta con repasar el listado de actividades que figuran en la página web casareal.es.

Don Felipe ha incrementado su presencia sobre todo en actos relacionados con el mundo de la economía y la empresa, para apoyar iniciativas que palíen la crisis. También viaja más al extranjero. Desde hace años acude a todas las tomas de posesión de presidentes suramericanos, a lo que añade ahora visitas al extranjero vinculadas a proyectos de organismos o entidades españolas. Su presencia en el ámbito nacional igualmente ha aumentado, ocupándose incluso de algunos actos tradicionalmente presididos por el Rey, que a sus 71 años, está dando paso poco a poco a su hijo, de 41.

La princesa y sus cuñadas evitan encontrarse todo lo que pueden

Doña Elena quiere resolver definitivamente su separación

También la princesa de Asturias trabaja más ahora porque lo hace acompañando a su esposo y en solitario. Sus compromisos individuales han aumentado. El viernes pasado, sin ir más lejos, visitó un colegio en Cangas de Onís (Asturias).

Probablemente Letizia es ahora la más popular, a la que más se reclama para actos públicos. Dicen quienes trabajan cerca de ella que tras casi seis años al lado de don Felipe se la ve ahora más segura cuando pisa la calle, que no es tan fría y distante como cuando comenzó su tarea de princesa.

"Sabe tratar con la gente. Cuando parece que se acerca al público sólo para dar la mano, no para de preguntar y también le preguntan. Ella no se niega al diálogo", cuentan sus colaboradores. De esta popularidad de Letizia saben sobre todo las revistas del corazón. Una portada con ella supone un tirón de ventas. Rara es la semana que una de las cuatro grandes del mundo rosa no le dedica atención.

Los Príncipes saben que todavía están en tiempo de ganarse el favor de la calle y por eso se preocupan por mostrarse cercanos. "¿Cómo están las niñas?" es la pregunta que más les hacen. Y ellos siempre aportan algún detalle. El último: don Felipe mantiene intacta la barba que se dejó crecer en verano porque sus hijas le prefieren así. El Rey se la afeitó el pasado lunes para presidir los actos del 12 de octubre.

Ese día se vio por primera vez reunida a la familia real tras meses de idas y venidas, algunas intencionadas. Si antes, a diferencia de lo que sucede en otras monarquías europeas, era difícil ver a todos sus miembros juntos más lo es ahora porque la infanta Cristina y los suyos viven en Estados Unidos desde el pasado septiembre. Su marcha se debe oficialmente a compromisos profesionales de su esposo, Iñaki Urdangarín, pero algo han tenido también que ver los cambios que está sufriendo el reparto de tareas en La Zarzuela.

Con el paso de los años, el papel de las infantas Elena y Cristina va a ser cada vez más parecido al que desempeñan las hermanas del Rey, las infantas Pilar y Margarita, que actúan como tales en contadas ocasiones. El perfil de trabajo de las hijas de los Reyes de España nunca ha sido muy elevado, pero menos lo va a ser de ahora en adelante. Doña Cristina, eso sí seguirá viniendo a España para cumplir con los compromisos que le asignen y doña Elena estará a disposición de las peticiones del Rey. Ellas, además, tienen su propio trabajo al margen del institucional.

Doña Elena afronta en estas semanas la recta final de su separación conyugal. El 13 de noviembre se cumplen dos años de un "cese temporal de la convivencia", convertido en una tensa separación que acabará en divorcio. Los duques de Lugo se dieron dos años para resolver sus asuntos, pero el acuerdo no llega por las exigencias de Jaime de Marichalar de mantener su estatus. Acabado el plazo, doña Elena parece dispuesta a arreglar los papeles, aunque sea con batalla incluida. La infanta quiere vivir como soltera de pleno derecho.

El lunes pasado, durante la recepción en el Palacio Real que siguió al desfile militar en el paseo de la Castellana, se evidenciaron las tensas relaciones que hay entre la Princesa y sus cuñadas. Se evitaron todo lo que pudieron. Que no hay relación entre ellas más que la que dictan las normas de educación es un secreto a voces. En verano sólo se las vio juntas en el funeral tras el atentado cometido por ETA en Palma de Mallorca. Las fotos familiares en Marivent o en el yate Fortuna son ya agua pasada.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 18 de octubre de 2009