Reportaje:

El vecino del quinto tiene mucho arte

Un grupo de creadores convierte en museo una casa de la calle de Génova

El ascensor se detiene en el quinto piso. Detrás de la puerta de la izquierda se esconde una vivienda que dejó de serlo. O al menos perdió a sus residentes, como tantas en Madrid. Con lo que quedó dormida. Un grupo de artistas, coordinados por Cristina Vicario, la vigilante de esta casa-exposición, la han despertado del letargo.

El suelo de madera cruje bajo las pisadas de los visitantes. La luz desborda por los amplios ventanales, desde los que se avista la Gran Vía a lo lejos. En el recibidor de esta enorme vivienda -450 metros cuadrados-, en el número siete de la calle de Génova, un plano pintado en la pared propone un recorrido para que nadie se pierda en la multitud de habitaciones. Detrás de cada puerta, y en los pasillos, se esconden las obras que 19 artistas han creado para estos espacios.

El último 'videoclip' de Rosenvinge se estrenó dentro de uno de los armarios

De fondo se escucha la última canción de Christina Rosenvinge. Hay que llegar al pasillo principal para detectar que la música sale de un armario. Al abrir la puerta, un asiento forrado de cartón invita a sentarse para ver el videoclip de la canción, obra de Lidia Toga. La artista transformó el interior del armario en un decorado del vídeo musical.

No es la única sorpresa que se esconde detrás de una puerta en esta casa del siglo XIX. Así, tras las cortinas que preceden a la penumbra rojiza de una habitación de suelo enmoquetado, se esconden enormes cuadros, que en realidad son cajas de luz, de esqueletos de animales fantásticos ideados por Papin Lucadmo. Al final del pasillo, en otra sala, con olor a lavanda, llamada Fondo de armario, los artistas Lara Elvaz y Rafael Gallego proponen una mirada sobre el alma humana echando un vistazo al interior del ropero de cada uno. Justo enfrente, el cuarto de baño, intervenido por Yael Barnatan y Ezequiel de San Pablo, está invadido por una especie de liquen verde que cubre el lavabo, la bañera con pies y el espejo inexistente.

Han sido cinco meses de preparación, dos semanas de montaje y otras dos más de exposición (hasta el día 15, hoy está cerrada). Después, las obras desaparecerán y los dueños de la casa la reformarán por completo. Vicario, la coordinadora, está casi tan cansada como contenta. El éxito ha sido mayor de lo que esperaba, siendo como es una exposición alternativa en el quinto piso de un edificio cualquiera. "Cada día habrán venido unas veinte personas", calcula. "Después de tanto tiempo vacía, ahora esta casa vuelve a estar viva".

Todavía sobrevive el papel amarillo del que pudo ser el cuarto de alguno de los hijos del médico que la habitaba tiempo atrás. Los radiadores con relieves decorativos, los timbres y hasta las perchas de uno de los armarios. Es el rastro de la veintena de artistas que se han dejado llevar por lo que les inspiraba cada uno de sus rincones.

* Este artículo apareció en la edición impresa del lunes, 12 de octubre de 2009.