Entrevista:ARIK LEVY | Diseñador

"El diablo está en los detalles, y también Dios"

Los diseños de Arik Levy (Tel Aviv, 1963) son sutiles. Pero su huella define las tendencias en el mobiliario. Levy, que el pasado lunes presentó en Madrid su serie Work it, quiebra la pata de sus mesas y comienzan a aparecer, como hongos, mesas con la patita quebrada. Levy convierte las patas de sus sillas en faldones y, de nuevo, cual eco, aparecen faldones en todo tipo de butacas. Lo más curioso en alguien que con su trabajo orienta el hacer de muchos otros profesionales es que Levy es un diseñador autodidacto.

Antiguo surfero y propietario de locales de copas en Israel, un día decidió dar el salto a Suiza para estudiar arte. Asentado en París desde hace 15 años, dirige a los 20 componentes de su estudio L design y reparte sus horas entre la fotografía, la escultura, el cine, el diseño gráfico, los productos y la escenografía. "El mundo funciona por yuxtaposiciones. Es absurdo que un diseñador se aísle en un reducto. La mezcla demuestra que has vivido". Hace dos años ganó el concurso para firmar los despachos de Cartier en París. Vitra produjo aquellos diseños. Luego, Levy pensó en traducir esas ideas en una oficina "asequible, inteligente, democrática, personalizada y... económica". El resultado es la serie Work it.

Pregunta. ¿Qué le ha hecho centrarse en los detalles?

Respuesta. Una molécula puede cambiar el mundo. El diablo está en los detalles. Y también Dios. Es cuestión de elegir. No me gusta lo que hace ruido. Me gusta que los muebles se adapten a mí. El diseño habla de personas, no de sillas.

P. Lo dice alguien que vive de las sillas.

R. La parte emocional es la que hace triunfar los objetos. Los muebles venden mucho más que una función.

P. ¿Cómo elige si una idea se convertirá en escultura o en producto?

R. La línea es sutil. La función pone un límite. Y la industria también. Por eso yo me defino como un artista industrial. No hay palabras para expresar lo que hacemos, somos o queremos. El mundo ha cambiado mucho en los últimos años. Tras la II Guerra Mundial se desarrolló la modularidad: los productos por partes para que todo cuadrase. No admitía flexibilidad. Hoy se ha cambiado a la flexibilidad, que puede ser modular. No hay necesidad de definir las cosas. El mundo de hoy permite profesiones que combinan distintos conocimientos.

P. Aun así... ¿Cómo puede un artista diseñar una oficina? ¿Cómo pueden unas mesas aunar tantas virtudes?

R. Pensando en todos los implicados. No sólo los oficinistas. Yo hablé con todos: el transportista, que no mueve cajas que pesen mucho; el contable, que no quiere pagar mucho; el montador, no hay mesa que cueste menos montar que éstas; el jefe, que quiere espacios separados para trabajo individual convertibles en una gran mesa para reuniones; el oficinista, que quiere sentirse persona en medio de un espacio abierto.

P. ¿Cómo se consigue satisfacer a todos?

R. De nuevo, la clave está en los detalles. Cada uno elige los suyos. Un espejo colgante, por ejemplo. Evita que te levantes al baño con demasiada frecuencia. Y, cuando Skype se instale en las oficinas, todos los necesitaremos. Nadie querrá que le vean despeinado al otro lado de la pantalla.

Arik Levy junto a algunos de los muebles de despacho de la serie <i>Work it.</i>
Arik Levy junto a algunos de los muebles de despacho de la serie <i>Work it.</i>

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