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Necrológica:

Ramón Barce, músico y agitador intelectual

Se consideraba "el autor más largamente expresionista"

El pasado 29 de septiembre, el pianista Diego Fernández Magdaleno fue el artífice de un homenaje a Ramón Barce en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. El compositor había cumplido en marzo 80 años. Era una ocasión de oro -obligada por otra parte- para estar al lado de unos de los compositores y pensadores más honestos que ha dado la cultura de este país en el último siglo. Nadie podía imaginar entonces un desenlace tan fulminante.

Ramón Barce era mucho más que un compositor vanguardista. Era un intelectual de la música y un agitador infatigable. También era una persona encantadora, con una conversación culta y siempre amable. Y hasta un periodista riguroso. Su trayectoria moral en la desaparecida revista La Calle es impagable. Defendió como nadie un libro como El estilo y la idea, de Schönberg, y se entregó, también como pocos, a traducir a Heidegger y Lukacs. Esta faceta de "alta cultura" no le impidió su inmersión en territorios populares como el de la zarzuela con unos análisis verdaderamente deslumbrantes. Estaba además en todas las salsas. En la fundación del grupo Nueva Música (con el maestro Enrique Franco al fondo, ay), en la puesta en marcha del ZAJ (con Hidalgo y Marchetti), en la dirección de la revista de música contemporánea Sonda. Su libro Fronteras de la música (1985), pongamos por caso, es una joya.

En cierta ocasión dijo -en una entrevista a Hertha Gallego de Torres, en octubre de 2006, para la revista Opus Música- que sus obras preferidas eran el cuarteto número 5 y la sinfonía número 3. Se le asociaba a las corrientes expresionistas y él mismo llegó a afirmar que se consideraba "el autor más temprano, profundo y largamente expresionista producido por la música española". En el catálogo de compositores españoles de la SGAE se recoge su pensamiento de que "la creación musical es un trabajo intelectual, no en el sentido de hilvanar sentidos lógicos, pero sí en el de combinar con sentido unos materiales sonoros". Entre sus aportaciones teóricas destaca un sistema armónico bautizado como "armonía de niveles".

En febrero de 2000 fue elegido miembro de la Academia de Bellas Artes de San Fernando cubriendo la plaza de Joaquín Rodrigo. Sus reconocimientos son numerosos, pero podían haber sido más y en fechas más tempranas. Juan Francisco de Dios Hernández presentó hace unos meses una biografía sobre Ramón Barce. No será fácil acostumbrarse a su ausencia. A su incesante y contagiosa actividad, a su conversación profunda y afectuosa. Quedará su música, y ello nos servirá de consuelo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 16 de diciembre de 2008