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Crítica:DORMIR

Sofás plateados en un paisaje industrial

LA ROMANA, hotel insólito en Alicante con cocina de Paco Torreblanca

Próximo a unas fábricas y canteras de mármol que afean el paisaje del Alto Vinalopó, el complejo inaugurado hace un año por Magdalena Davó constituye una insólita iniciativa de turismo vacacional al servicio de los empresarios y viajantes que visitan las industrias de Novelda, Pinoso y La Romana. Nadie espere, pues, un hotel express al uso, como tampoco un refugio canónico para los fines de semana en la provincia de Alicante. Su minimalismo algo desabrido desconcierta a unos y otros.

Aquí el arquitecto Isaac Peral ha diseñado lo que ha podido, habida cuenta de las exigencias conservacionistas sobre una masía del siglo XIX en pleno valle de las Vides, con una bodega en desuso transformada en salón de eventos y el ya mencionado horizonte industrial, que si bien ha limitado el proyecto de rehabilitación, ha dado alas de vanguardia a la hotelería de la Costa Blanca.

LA ROMANA

PUNTUACIÓN: 6,5

Categoría oficial: 3 estrellas. Dirección: Partida Casa Azorín, s/n. La Romana. Teléfono: 966 19 26 00. Internet: www.laromanahotel.es. Instalaciones: jardín, piscina, salas de convenciones para 204 personas, salón, bar, comedor, restaurante al aire libre. Habitaciones: 6 dobles, 8 dobles especiales, 3 suites; todas con calefacción, aire acondicionado, teléfono, TV color, minibar, secador. Servicios: algunas habitaciones adaptadas para discapacitados, no admite animales. Precios: todo el año, 60 euros + 7% IVA; desayuno, 10 euros + 7% IVA. Tarjetas: Visa.

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A falta de consolidación (el spa no se abrirá hasta entrado 2009), el complejo mantiene su estructura fabril de dos plantas, no exenta de ciertos guiños estilísticos hacia su entorno: tejas, ladrillos, terrazos, vidrio, acero corten... Un registro arquitectónico contemporáneo que se agradece. Su interiorismo ofrece un catálogo fotográfico que hará las delicias de las revistas de decoración. Sólo por eso ya interesa pasar una noche aquí.

Al entrar se percibe una frialdad estética inusual en un lugar de acogida: produce eco el espacio de recepción. Sucesivamente van apareciendo tres salas de estar decoradas con sofás plateados y objetos fluorescentes que identifican el lugar como una oficina moderna. Más allá se vuelve a abrir el exterior a través de un patio, dotado de una alberca central amueblada con sillas de metacrilato rojo.

Alineadas en el edificio principal, las habitaciones se antojan demasiado pequeñas para tanto campo alrededor y no lo suficientemente bien insonorizadas. De día llega la onda de las canteras vecinas. Algunos detalles torpes, como la luminaria que cuelga del techo por delante del monitor de televisión, se ven compensados por un ajuar de baño constituido por lujosas toallas de algodón de nudo grueso. Para llevárselas (previo abono en recepción).

Sin duda, lo más arquitectónico en La Romana es el aparcamiento exterior, señalizado con vegetación. Y lo más exquisito, la cocina de Kristian Lutaud y Paco Torreblanca, con una extensa carta de vinos alicantinos y un aperitivo inédito de pan con sésamo y tomate natural con aceite.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 27 de septiembre de 2008