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COLUMNA

Examen de Sociales

Galicia es cuadrada. Bueno, no del todo, pero bastante cuadrada sí que es. Es una cuadratura fractal. La costa de Galicia es infinita: por dos lados hay rías, por los otros dos hay ríos. Por eso Galicia es tan grande sin parecerlo. Si cosiéramos los intestinos delgados de todos los gallegos, envolveríamos la Tierra como si fuera un ovillo de lana hecho de vísceras sonrosadas de tanto comer pulpo. Pero esto no sería nada interesante porque Galicia es cuadrada (bueno, no del todo, pero sí bastante) y la Tierra es redonda; y ya se sabe que las cosas redondas son aburridas. En realidad, la Tierra es como una naranja. Una naranja azul como las del misterio de la aventura de Tintín. Pero es una naranja podrida porque es más irregular de lo que aparece en planisferios y mapamundis.

Repartimos la luz a cazos porque nos sobra. Y Galicia está ahora llena de molinos que la afean

Galicia es, en sí misma, un planisferio y un mapamundi. El mapa es igual de grande que el territorio, como proponía Borges, y por eso les resulta tan difícil a los copilotos manejarlo cuando se conduce por Galicia. Se hacen un lío para averiguar por dónde se va a Malpica y luego les resulta imposible volver a doblarlo como estaba antes. Aunque las rías se parezcan, no hay dos iguales y, por muy cuadrada que sea Galicia, no hay manera de hacerlas coincidir a la hora de doblar el mapa de carreteras.

Galicia, como mi cama, tiene cuatro esquinitas con cuatro angelitos que me la guardan: el Angelito Exterminador, el Angelito de la Anunciación, el Angelito Caído y Anxo Quintana. Esto es así porque Galicia tiene cuatro provincias: dos en Vigo y dos en Coruña. También está Allariz, pero no conviene considerarla provincia para mantener la cuadratura. Hay otros países en el mundo, pero son triangulares, como el País Vasco o el País Madrileño. Esos no tienen angelitos en las esquinas porque entre tres no se puede hacer cambio de pareja y a los angelitos les gusta bailar. También hacen pis y por eso llueve tanto en Galicia y casi nada en el resto de la Tierra que, como es redonda, tampoco tiene angelitos que le hagan pis encima.

En Galicia hay cuatro alimentos básicos: el pulpo, la patata, el pimiento de Padrón y Ferrero Rocher. Este último es porque mandamos embajadores a todas partes. Las casas gallegas del mundo también son cuadradas, son Galicias en pequeñito. La Hermandad Gallega de Caracas es cuadrada y está rodeado por un muro con cuatro torretas pero, en vez de angelitos, tienen vigilantes armados con unos fuscos de dar mucho miedo. Los vigilantes no hacen pis (bueno, sí, pero mirando hacia afuera) porque allí ya tienen las lluvias tropicales y las psico-tropicales que son como el LSD pero con maracas.

En Galicia hay muchas campanas. A veces están sonando -aunque no sepamos dónde- y otras no, porque hay ocasiones en las que llamamos a misa con una manta para no molestar. También repartimos la luz (bueno, la electricidad) a cazos porque nos sobra. Esto es porque Galicia está ahora llena de molinos que afean Galicia: sólo tienen tres aspas y eso, nunca mejor dicho, no cuadra. Y, aunque Galicia sea cuadrada (no del todo, pero sí bastante), no confundimos el culo con las cuatro témporas, que eso del ayuno aquí no funciona: nos pasamos el día desayunando, o sea, comiendo. También bebemos; y descomemos y desbebemos, que son las cuatro principales actividades fisiológicas de los gallegos. Y nos apareamos, pero de cuatro en cuatro que es más divertido.

En Galicia también hay caballos, como en las películas de vaqueros, y caballo, como en las canciones de Lou Reed. Por eso también tenemos Cuatro Jinetes, que no son del Apocalipsis sino de los Hechos de los Apóstoles y dan aún más miedo: de ahí que nuestro Apóstol descanse en una caja cuadrada como Drácula. Y tenemos cuatro Evangelistas: Rosalía, Pondal, Curros Enríquez y Manolo Rivas. Ni Mateo ni Marcos ni Lucas, ni Juan nos citan: peor para ellos. Cuando Einstein decía que el universo tenía cuatro dimensiones, estaba hablando de Galicia. Por todas estas razones, y alguna más, Galicia escogió ser cuadrada. Bueno, no del todo, pero bastante cuadrada sí que resultó ser.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 4 de septiembre de 2008