Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Reportaje:PEKÍN 2008 | Ciclismo

El pesimismo de la dama de acero

La francesa Jeannie Longo participa a los 49 años en sus séptimos Juegos

Como tiene ya 49 años (en octubre cumplirá 50) y sigue corriendo en bicicleta, Jeannie Longo se describe a sí misma como una burra, una a la que mientras se mantenga de pie le engancharán la carreta; y también porque cada vez es más vieja, cada vez es más sabia, ha dulcificado los bordes de su imagen hecha de aristas y es capaz hasta de ironizar en rima. Ayer, por ejemplo, se quejaba de haber venido de tan lejos para pasar tanto frío (loin, lejos; froid, frío).

Tan lejos es China, Pekín, tanto frío es el que pasó en la carrera de fondo en carretera, con la que inauguraba su participación en sus séptimos Juegos. Atacó todo lo que pudo, mucho, pero terminó 24ª -ganó la joven galesa Nicole Cooke-, calada por una lluvia que, agitada por un viento tempestuoso, azotó al pelotón en la Gran Muralla. Y terminó muy enfadada, recordando a la famosa y terrible Longo, la Merckx del pelotón femenino, que se negaba a tener amigos, a caer bien a nadie, porque su única misión era ganarlo todo. Y porque ella, que ya hace 13 años, cuando ganó su quinto maillot arcoriris de fondo en carretera, se ganó en la prensa perfiles alabando su longevidad -tenía 36 años-, aún aspiraba a un segundo título olímpico tras el de Atlanta 96 y al que deberá esperar al miércoles, a la prueba contrarreloj que cerrará su vida olímpica de siete Juegos, que podrían haber sido ocho si en Moscú 80 ya se hubiera permitido participar a mujeres ciclistas, pero no su vida ciclista. "Quizás piense en retirarme tras el Mundial 2009", avisa.

"Soy una fuera de la ley. Detesto los sistemas. Esto es cada vez más inhumano"

Pero más que exhibir su durabilidad, Longo, que se casó con su entrenador, Patrick Ciprelli, y que ha llevado siempre una vida rabiosamente independiente, quiere hacer de su longevidad un ejemplo de lo que el cuerpo puede dar de sí si se le cuida. Ahora, aquella ciclista exagerada, casi inhumana, cuya vida, cuyo minúsculo cuerpo, 1,60 metros y llegó, al borde de la anorexia, a pesar 46 kilos, tan a menudo quedaba sepultada por su tremendo palmarés -un título olímpico, 13 Mundiales, en ruta, contrarreloj y pista, tres Tours, 55 campeonatos de Francia- y por su brillo en los estudios -número uno en su instituto en matemáticas y filosofía, excelente pianista- es la imagen más humana del deporte, la imagen ecológica y comprometida.

"Soy una fuera de la ley", decía ayer en L'Équipe. "Detesto los sistemas. Se está en una sociedad gran hermano y no soy nada optimista. Esto es cada vez más inhumano. Por eso no me interese envejecer. Todo está controlado. Ya no hay hueco para la espontaneidad. Va a ser terrible". Quizás también la edad, la sabiduría, acabe convirtiendo a todos al escepticismo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 11 de agosto de 2008