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Reportaje:MÚSICA

'Megamix': Vuelve el corta y pega

Regresa Max mix, la saga de recopilatorios de mezclas enlatadas que arrasó en los ochenta y noventa. Un fenómeno eminentemente español que cerca estuvo de acabar en tragedia.

DESDE mediados de los ochenta y hasta bien entrados los noventa, España vivió una locura colectiva llamada megamix. Un concepto hoy poco sorprendente, pero que supuso una revolución en la industria musical nacional. Se trataba de elaborar una pieza musical homogénea a partir de multitud de pedazos de distintas canciones mezcladas entre sí acompasadamente de forma casi artesanal, y acompañadas de multitud de efectos sonoros. Literalmente: un millón de mezclas.

Era una hipérbole del género conocido hasta ese momento como mix: simplemente una sesión de discoteca hecha disco. Raúl Orellana, leyenda en activo de la música de baile española, antes de producir Bandido, de Azúcar Moreno, y lograr varios éxitos internacionales con su propio nombre, grabó en 1983 el primer disco de mezclas publicado aquí, Studio 54 Connection. "Trabajaba en la discoteca Studio 54 de Barcelona y me llegaban discos importados de sesiones pirata, que me llamaban mucho la atención por lo bien hechos que estaban para los pocos medios que había. Me empeñé en intentar conseguir hacer uno totalmente legal".

Esos discos provenían en su mayoría de Estados Unidos e Italia, y otorgaron notoriedad a la figura del pinchadiscos, que hasta entonces nunca había logrado salir del anonimato de la cabina. "El concepto de megamix surgió como la mayoría de las modas comerciales: para etiquetar un producto que vendía como churros, aunque sólo en España", explica Orellana. En efecto, fue un fenómeno principalmente español. Pero ¿cuáles fueron las razones que lo llevaron a esas cotas de popularidad? "La eclosión coincidió con el auge comercial de la música de baile en España y con el hecho de que, al incluir temas de compañías especializadas en dance, los permisos eran fáciles de conseguir. Y estaban llenos de éxitos comerciales, pegadizos rompepistas de artistas que tan sólo tenían un maxi, como el Bolero, de Fancy".

Esos discos eran el perfecto vehículo de promoción de artistas desconocidos, y además incluían las partes más reconocibles de los grandes éxitos. Permitían a las discográficas introducir novedades en un terreno abonado. Además, sus artífices, los pinchadiscos, estaban muy ligados a una radio comercial por entonces muy permeable a la música de baile y conseguían una gran difusión. Nada que ver con el momento actual en el que el género de baile ha sido desterrado a emisoras especializadas e hilos musicales para gimnasios. "Ha sido vetado en las emisoras populares porque alguna cabeza pensante de la radiodifusión ha impuesto que la radio está para poner éxitos y no para crearlos".

Los primeros en usar este formato fueron Mike Platinas y Javier Ussía en 1985, con el primer disco de la saga Max mix. Apoyado por una simpatiquísima y reconocible estética, la serie duró lo mismo que su discográfica, Max Music, que se disolvió en medio de una impresionante bronca legal entre sus propietarios. Uno de los socios, Ricardo Campoy, formó Vale Music (que una década después daría la campanada con Operación Triunfo). El otro, Miguel Degá, acabó arrestado por contratar a unos sicarios para apalizar a Campoy. En 2005 huyó de la cárcel, y continúa en paradero desconocido.

Pero antes de la decadencia, el éxito de max mix fue tal que Max Music decidió registrar la palabra megamix, impidiendo así su uso por parte de su competencia, la discográfica Blanco y Negro. Empezaba la guerra encarnizada entre ambos sellos por el control del mercado. Bolero mix, Pelotazo mix, Rambo mix, Máquina total…

Eran decenas de títulos. Aunque muchos lograron discos de platino y forman parte de la memoria colectiva de una generación, la masificación llevó a la saturación y la indiferencia, con lo que el megamix murió comercialmente a principios de los noventa. También en el resto del mundo, donde llegó a cosechar buenos réditos con proyectos como Jive Bunny (el conejo animado que recreaba éxitos de los años cuarenta y cincuenta) o el celebérrimo megamix de la banda sonora de la película Grease.

Sin embargo, la fascinación por el megamix se mantuvo intacta entre un gran número de pinchadiscos amateurs y otros aficionados. "Es un fenómeno que ha seguido respaldado por mucha gente que les apoya y discute acérrimamente. Internet les ha permitido cohesionarse en comunidades y crear una demanda", explica Jordi Gracia, webmaster de la página compactmix.com, dedicada a la difusión de este tipo de recopilatorios. Comunidades como Disco mix 80 o Pasionmix, entre otras muchas, han animado a Blanco y Negro, el eterno rival, a hacerse con la licencia megamix y comenzar la saga Max mix: el retorno del auténtico megamix, de la que en estos días se publica su segundo volumen.

Los encargados de reavivar la llama en esta segunda etapa son Javier Villegas y Tony Postigo. "Cuando nos lo propusieron, lo tuvimos claro: no queríamos un megamix que fuera una demostración de la tecnología a la que teníamos acceso. Queríamos usar esa tecnología para hacer un disco de mezclas a la vieja usanza. Demostrar que los avances pueden servir para crear un megamix con sentimiento", comentan por teléfono desde Barcelona.

A diferencia de la saga original, estos discos no contienen canciones actuales, sino éxitos italo-disco de los ochenta. "Son un canto de amor a la nostalgia, un homenaje a los discos con los cuales crecimos". Eso sí, despojados del engorroso corta y pega de los comienzos. "La única ventaja de los medios actuales es que nos permiten plasmar las ideas con más rapidez, pero sigue siendo lo mismo que hace 20 años: extraer otro concepto de una canción y unirla a otras tratadas de la misma forma para conseguir un resultado sorprendente".

Los indicios de recuperación del género no terminan en intentos comerciales nostálgicos. Las facilidades tecnológicas permiten que, de un modo mucho menos artesanal pero igual de creativo, artistas como Girl Talk o DJ Yoda hayan conseguido aclamación crítica con discos basados en este concepto. En el Reino Unido, el programa de Annie Mac de Radio 1, el más influyente de música de baile del país, emite cada semana el megamix de un pinchadiscos invitado. Los sellos han vuelto a usarles para captar el interés de los internautas ante sus nuevos lanzamientos, algo consecuente con la disminución del tiempo dedicado a cada artista debido a la sobreexposición musical.

El megamix parece haber vuelto. Veremos si es para quedarse.

Max mix: el retorno del auténtico megamix, volumen 2, está publicado en Blanco y Negro.

PINCHAR, UN MODO DE VIDA

DJ Yoda no es un tipo nuevo en esto. Sus sesiones son un viaje por toda la historia de la cultura musical desde los años setenta.

Cuando el británico DJ Yoda aparece programado en el cartel de un evento nocturno, se dibuja una gran sonrisa en la cara de toda persona que haya asistido a alguna de sus fabulosas sesiones. Su espectáculo en vivo, llamado Magic cinema show, combina la experiencia musical con extractos visuales proyectados en una gran pantalla. "Me siento inspirado tanto por la tele, el cine y YouTube como por otros músicos", nos explica. Aunque se considera un pinchadiscos de hip-hop, sus composiciones son un viaje a velocidad de vértigo y sin complejos por toda la historia de la cultura pop, desde el funk al rock adulto, pasando por las series de televisión. "La palabra megamix pertenece a los años ochenta, cuando se recopilaban los últimos éxitos en una sola pista de 10 minutos. Es frustrante oír hablar a la prensa musical ahora de esto cuando los scratch dj's lo llevan haciendo desde finales de los años setenta. Para mucha gente del mundo de la música de baile es sólo una moda. ¡Para mí es un modo de vida!".

DJ Yoda acaba de publicar la sesión Fabriclive 39 en el sello Fabric Records.

DEL ÉXITO TOTAL A LA GASOLINERA

Jive Bunny arrasó en 1989 sampleando piezas de los cuarenta, cincuenta y sesenta. Hoy, el conejito sólo cosecha fracasos.

En pleno 1989, mientras en España La Década Prodigiosa hacía su agosto con el popurrí, un tsunami con forma de conejo llamado Jive Bunny conseguía ser el tercer artista de la historia en conseguir tres números uno consecutivos en el Reino Unido. El primero si descontamos a los aburridos artistas de carne y hueso. Su propuesta: megamixes de éxitos de los cuarenta, cincuenta y sesenta (Little Richard, Elvis Presley o The Everly Brothers entre ellos). Jive Bunny triunfó porque apelaba tanto al sentido del humor del público (ese conejo surfeando superpuesto a las imágenes de parejas bailando twist) como al sentimiento de "cualquier época pasada fue mejor" en plena resaca de los histriónicos ochenta. El primer álbum del proyecto fue un éxito total, no refrendado por sus múltiples y descabelladas secuelas. Jive Bunny's summer party 2008, su último intento de regreso, no pasaría de ser carne de gasolinera si todavía existiese ese concepto. Pero la sonrisa no nos la quita nadie.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 8 de agosto de 2008

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