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Reportaje:

El último bandolero

Un hombre vive 14 años en cuevas de Jaén y Córdoba alimentándose de comida robada en huertas y cortijos

La historia de Miguel Mérida Gallardo podría equipararse con la de los maquis que burlaron al régimen franquista durante varias décadas; también, con la de los mohicanos indígenas. Sin embargo, a tenor de los cargos que se le imputan, en torno a un centenar de robos, la mayoría en cortijos y haciendas rurales y casi siempre productos de alimentación, Mérida puede ser considerado como el último bandolero. Después de 14 años desaparecido de su pueblo natal, Baena (Córdoba), Mérida fue detenido el pasado fin de semana en un paraje del municipio de Alcaudete después de haber permanecido casi tres lustros escondido en cuevas y subsistiendo con los únicos alimentos que encontraba en las huertas y cortijadas. Pero el misterio en torno a la desaparición de este hombre aún no ha concluido. Tras ser puesto en libertad provisional por el juez, Mérida, de 48 años, volvió a desaparecer de Alcalá la Real, en cuyo centro de transeúntes durmió la noche del lunes. ¿Hasta cuándo?

Miguel Mérida estuvo con su madre hasta que desapareció

El juez le dejó en libertad provisional, pero ha vuelto a huir sin dejar rastro

"No tenemos ninguna noticia de él, ni queremos saber nada", señaló ayer, reacio y lacónico, Fernando Mérida, quien en el verano de 2005 solicitó a una juez de Baena la declaración de fallecimiento de su hermano, ausentado del municipio desde el 2 de febrero de 1994. Paradójicamente, poco después de su desaparición la familia sí emprendió una intensa búsqueda de Miguel, con protagonismo incluido en el programa televisivo Quién sabe dónde. Hasta su desaparición, Miguel, un hombre introvertido y del que algunos vecinos dicen que podría tener mermadas sus facultades, vivía con su madre y trabajaba en el campo.

Un buen día se ausentó y fue entonces cuando muchos vecinos de Baena -donde su foto cuelga aún de los carteles de los bancos- empezaron a sospechar de él por los frecuentes robos que se producían en los cortijos y huertas. Tras su detención se ha constatado que el forajido tenía dos cuevas o galerías principales, una en Luque (Córdoba), y otra en Alcaudete (Jaén), donde el fin de semana, tras ser advertido por un vecino, fue detenido por la Policía Local. En el interior de sus guaridas se han encontrado todo tipo de alimentos, patatas, aceite, conservas, pero también una televisión con batería y varias armas blancas. "Al parecer, su intención no era hacer daño a nadie, sino robar los alimentos necesarios para subsistir", señaló el alcalde de Alcaudete, Francisco Quero, sorprendido, como todos sus vecinos, por el modo de vida de este extraño personaje.

La Guardia Civil ha abierto una investigación para recopilar todas las fechorías de este bandolero, que ya huyó de los agentes en un Viernes Santo de hace unos años.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 16 de julio de 2008