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Reportaje:

El ciclismo da un giro

Los dirigentes deportivos ven en el triunfo de Contador en la ronda italiana el ejemplo de la nueva cara antidopaje

Al día siguiente de la victoria de Alberto Contador en el Giro, en The New York Times hablan de dopaje, pero, espectacularmente, no en relación con el ciclismo, sino con el atletismo. Se refieren al récord mundial de los 100 metros, a los 9,72s del jamaicano Usain Bolt. Dado el ambiente de sospecha que rodea a todas las grandes exhibiciones del atletismo, ¿conviene creer en Bolt?, se preguntan en el rotativo neoyorquino, que recuerda el caso Balco; a Marion Jones y Tim Montgomery, encarcelados; a Justin Gatlin, suspendido; a Mo Greene, sospechoso. "Los atletas viven en la situación más dura, la de la imposibilidad de demostrar su inocencia", concluye. La misma frase que tantas veces, hasta hace nada, cerraba las crónicas ciclistas en medio mundo.

"Todos han acabado muy tocados", constata Bruyneel, director del Astana

Justamente dos años después de que la Operación Puerto dejara al ciclismo al borde de la muerte, en la fiesta del Giro, en el pequeño homenaje a Contador organizado por el consulado de España, el discurso es, sin embargo, el contrario. En un salón de un NH del centro de Milán, Jaime Lissavetzky, el secretario de Estado para el Deporte; Angelo Zomegnan, el director de la ronda italiana, y Johan Bruyneel, el manager del Astana, comentan la jugada.

"Creo que Alberto representa la cara nueva del ciclismo, la cara limpia. Y lo creo porque, siempre desde la precaución, en este Giro se ha visto, por ejemplo, cómo no había recuperaciones milagrosas entre una etapa y otra. Quien hacía un sobreesfuerzo un día, como Di Luca el del monte Pora, al día siguiente lo pagaba", dice Lissavetzky. Una reflexión que hace referencia a uno de los signos más evidentes de los años de la EPO y las transfusiones de sangre; a la increíble capacidad de recuperación de los corredores en las pruebas por etapas, que les permitía salir todos los días con el depósito recargado y dispuestos a los mayores esfuerzos.

"En este Giro, en cambio, todos han acabado muy tocados", cuenta Bruyneel; "se ha visto en la última contrarreloj, en la que el viento en contra, es verdad, perjudicó a los últimos corredores que tomaron la salida, pero en la que creo que gente como Bruseghin y Menchov, por ejemplo, pagaron todo lo que trabajaron en la etapa del Mortirolo". La última contrarreloj, sintomáticamente, fue para Marco Pinotti, ingeniero y ciclista, un misionero del antidopaje, símbolo del compromiso de su equipo, el High Road, por un ciclismo nuevo.

Zomegnan, maestro en el arte florentino de la diplomacia a media voz y con sobreentendidos, observa y sonríe feliz porque su obstinación en lograr la participación de Contador le ha rendido sus frutos. Guarda en su cabeza las cifras récord de audiencia televisiva, hinchadas gracias a la internacionalización de la prueba y a la victoria de un extranjero por primera vez desde 1996, rompiendo el periodo más largo de dominio italiano desde los Giros de la posguerra. En su retina, el entusiasmo de miles de aficionados vestidos de rosa al paso del pelotón por la bota italiana; en su cartera, los beneficios empresariales de la carrera.

"Hemos sido hábiles con los pequeños casos que hemos tenido: al argentino Richezze le enviamos a casa antes de empezar; a Astarloa, lo mismo a la menor sospecha... Y la prensa no ha desorbitado nada", dice Zomegnan. "Y no ha habido exhibiciones estupefacientes. Lo más llamativo es lo de Sella, que ha ganado tres etapas de altísima montaña, pero creo que su nivel no ha cambiado respecto a lo que era hace dos o tres años. Lo que ha bajado es el nivel de los demás, que no recurren ya a los estímulos prohibidos. De todas formas, mantengo todos los dedos cruzados hasta el día 24, que es cuando conoceremos los resultados de todos los análisis", añade.

Ni la prensa española, por supuesto, ni la italiana, que destaca que por primera vez en muchos años no ha habido redadas de carabinieri en los hoteles, ni la francesa buscan matices sombríos a la victoria de un español callado, educado, muy serio y muy respetuoso con todos, un ciclista muy comprometido con el futuro de su profesión.

Sin embargo, en Alemania, donde aún no han digerido la traición de su mito Jan Ullrich, la historia es diferente. "Triunfo español en el Giro", titula el Süddeutsche Zeitung jugando con el doble sentido: en Alemania, cuando se adjetiva con "español", a cualquier asunto se le quiere dar un matiz de sospecha, de trampa. El Frankfurter Allgemenie Zeitung, por su parte, no se recata y acusa a Contador, el ganador del Giro: "Tiene un pasado de dopaje".

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Camisetas rosas para el campeón

Tras la victoria, los homenajes. Alberto Contador llegó ayer a Madrid procedente de Milán y ya en el aeropuerto de Barajas fue aplaudido y vitoreado por varias decenas de seguidores y muchos vecinos suyos de la localidad madrileña de Pinto vestidos con camisetas rosas y con el lema Pinto con Alberto Contador. Gracias, campeón o Un Giro se gana con mucho sufrimiento.Contador aterrizó en torno a las tres de la tarde y agradeció la presencia de sus paisanos, que habían acudido en tres autobuses fletados por el Ayuntamiento. "Es de agradecer que la gente se vuelque conmigo", dijo el campeón, que ahora sólo piensa "en descansar y disfrutar de esta victoria".¿Y para el futuro?, le preguntaron. "Ya hablaremos", dijo el único español, aparte de Miguel Indurain (1992 y 1993), que ha ganado la ronda italiana y, en 2007, el Tour, que no podrá correr este año por el veto de los organizadores a su equipo, el Astana. "Me da menos rabia no poder participar", aseguró.Tras el primer homenaje, Contador se trasladó a la Puerta del Sol, donde fue jaleado por otros 2.000 aficionados antes de ser recibido por la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre. La fiesta terminó en Pinto con más entusiastas vestidos de rosa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 3 de junio de 2008

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