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Energía distributiva para salvar el ocaso de la era del petróleo

Rifkin augura una revolución sustentada en el hidrógeno

Jeremy Rifkin, experto en cambio climático y seguridad energética, asesor de la Unión Europea y de dirigentes políticos como Romano Prodi, José Sócrates o José Luis Rodríguez Zapatero, dibujó ayer en Valencia un modelo distributivo de gestión de la energía como "única" alternativa viable al consumo de combustibles fósiles que mueve el mundo en la actualidad.

"El ocaso de la era del petróleo" que vivimos se prolongará, como mucho, hasta 2030. Solo cabe apostar por la generación de energía a partir del sol, el aire, la basura o la fuerza del mar; por las pilas de hidrógeno como mecanismo para almacenarla; y por un modelo de gestión distributiva que permita a los usuarios tomar o inyectar energía a una red inteligente de acuerdo con sus necesidades. Una red paralela a Internet. La convergencia de nuevos modelos de gestión de la energía y de la información es característica de cada salto de la civilización, de la ciudad, de una tercera revolución industrial, según Rifkin, quien dictó en Valencia la lección inaugural de una conferencia sobre Nueva Cultura Urbana auspiciada por el Ministerio de Medio Ambiente, universidades y colegios de ingenieros y arquitectos.

La ciudad, la urbanización, la posibilidad de erradicar del planeta el ámbito de "lo salvaje" coincide con el ocaso del petróleo. Pero "la sociabilidad, el deseo de pertenecer", la ciudad, es, a la vez, garantía de supervivencia de la especie. Según Rifkin, el nuevo paradigma, la tercera revolución industrial provocará cambios en la percepción del mundo que ya se aprecian en el acceso de los más jóvenes a la propiedad, siquiera intelectual, sin cortapisa alguna.

"Cuando yo era joven la propiedad era excluyente", explicó Rifkin, "pero en la actualidad, los jóvenes toman todo aquello a lo que tienen acceso, y no hacen trampa, comparten, la propiedad es incluyente".

El presidente de la Foundation for Economic Trends aseguró que no es "ni optimista ni pesimista" y subrayó que solo es "un cuentista", pero añadió: "La forma de contarse las cosas es clave para cambiar la humanidad".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 25 de enero de 2008