Crítica:Crítica
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Pintura de tiempo lento

Los grandes cuadros negros titulados genéricamente Soñé que revelabas encuadran el espacio de la exposición de Juan Uslé (Santander, 1954). Se ordenan en los muros laterales de la sala, unificando la muestra, aunque bien separados entre ellos para que cada uno muestre su individualidad. Eso les hace justicia porque son obras celibataires, solteras. No componen formalmente una serie, sino que responden a una idea del ejercicio de la pintura que en cada cuadro adquiere carácter propio. Así se advierte a poco que nos paremos a mirar. Las bandas paralelas y horizontales que forman el cuadro señalan un grado cero de la percepción: materia, luz y ritmo. Una pintura reducida a elementos básicos que, quizá por eso, logra que el espectador recupere los primeros mensajes de las cosas -textura, brillo, movilidad-, ignorados casi siempre por nuestra prisa en encerrar bajo un nombre cuanto vemos, sin llegar a mirarlo.

JUAN USLÉ

'Switch on/switch off'

CAC Málaga

Alemania, s/n. Málaga

Hasta el 31 de diciembre

Estos cuadros responden a una idea del ejercicio de la pintura. El autor se limita a extender el pigmento en bandas horizontales, dejando así una huella, más que de su mano, de su pulso, suele decir Uslé: poseen por ello una impronta corporal, un gesto, aunque controlado por la estructura fija del cuadro. Tal estructura podría recordar a los Winsor de Ryman, si no fuera porque en Uslé el gesto es más evidente y, sobre todo, porque cada línea influye de algún modo en las siguientes. Esta interacción, no exenta de emoción, entre autor y obra, y el carácter gestual de la huella añaden a aquella percepción elemental una dosis de calor. En esta unión de visión y afecto quizá radique la fuerza de unas obras tan autocontenidas.

En contraste, el interior de la muestra lo forman obras de pequeño formato. Su estructura es más diversa: en algunas, la pintura, dispuesta en superficie, cierra toda profundidad, aunque a veces se rastrea un segundo plano (La poda), aparecen líneas superpuestas en irónico trampantojo (Las rutas) o surge sobre su clausura una enigmática pincelada flotante (Aislados). Hay obras que unen zonas de color plano con otras de textura más densa (Ven y sube), otras la protagonizan formas ligeras y ondulantes, de brillante color, sobre fondos muy claros (Palabra suelta) y en otras potentes curvas se expanden hasta llenar su espacio (Cada vez más cerca).

Estas obras parecen promesas de futuros proyectos. No porque tengan carácter preparatorio sino por su densidad pictórica que las acerca al aforismo y sugiere otros desarrollos. Se han dispuesto muy separadas entre sí de modo que cada una de ellas tiene, a primera vista, algo de llamada y después, de cerca, ofrece un espacio de reflexión impulsado por la confluencia entre la obra y el breve texto poético, su título.

La muestra posee un determinado compás. Un tempo que se ralentiza a medida que el visitante descubre cada cuadro y sospecha las alusiones a otras piezas que puede encerrar. De ahí lo ajustado del título. Sólo que en este caso el interruptor se antoja conectado a una de esas lámparas que ganan intensidad a medida que permanecen encendidas.

'Learning love' (2005), de Juan Uslé.
'Learning love' (2005), de Juan Uslé.

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 28 de septiembre de 2007.

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