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Necrológica:

Stanley Miller, químico

Fue el primero en demostrar empíricamente la teoría del origen de la vida en la tierra

Stanley Miller, el primer químico que demostró empíricamente la teoría del origen de la vida en la tierra, falleció el 20 de mayo de un fallo cardiaco a los 77 años en National City (California).

Miller se hizo célebre en el mundo científico siendo todavía un estudiante al demostrar a través de un experimento en 1953 que los aminoácidos, componentes esenciales de las proteínas y punto de partida de cualquier organismo vivo, podían nacer de las reacciones químicas entre los componentes básicos de la atmósfera originaria del planeta Tierra. El origen de su experimento, el primero que consiguió demostrar de forma empírica cómo podrían haberse generado los primeros organismos vivos en la Tierra, se apoyaba en la teoría de su profesor de geoquímica, Harold Urey, un premio Nobel de la Universidad de Chicago que en 1951 había argumentado que la atmósfera, en su estado inicial, estaba compuesta de vapor de agua, amoniaco, hidrógeno y metano, sin que aún hubiera oxígeno.

Miller le propuso reproducirla químicamente en un laboratorio pero Urey, en un principio, desanimó a su alumno, pensando que al ser un estudiante, no sería capaz de llevarlo a cabo. Sin embargo, Miller insistió. Puso agua en un tubo de ensayo representando el océano y lo conectó con otro en el que había amoniaco, hidrógeno y metano. Impulsos eléctricos que imitaban los que transmiten los relámpagos atacaban de vez en cuando el tubo de los gases. Dos días después del inicio del experimento, Miller se dio cuenta de que en el agua se había empezado a formar glicina, un aminoácido básico. Una semana más tarde, había ya 10 inmersos en lo que después comenzó a llamarse como la sopa prebiótica. Al cabo de algunas semanas, 13 de los 21 aminoácidos existentes flotaban en su celebrada sopa.

Cuando Miller comenzó su experimento en 1953, los científicos ya se estaban preguntando cuál había sido el origen de la vida en la Tierra pero ningún experimento había sido capaz de demostrarlo. Cuando publicó sus resultados en la revista Science, con su nombre y sin el de su mentor -que fue lo suficientemente generoso para no querer aparecer en la revista alegando que ya tenía su propio premio Nobel-, creó una auténtica revolución entre químicos y biólogos y la imaginación de los científicos se disparó, abriendo nuevas vías para la investigación.

Según el escritor de ciencia-ficción Carl Sagan, "el experimento de Miller fue el paso más significativo para convencer a muchos científicos de que la vida probablemente abunde en el cosmos".

Miller no sólo abrió puertas para la ciencia. "La imaginación del público se disparó. Cuando los resultados del experimento fueron corroborados por un panel independiente tres años más tarde, la metáfora de la sopa prebiótica había llegado al mundo del cine, del cómic y de las novelas", aseguraba en Los Angeles Times Jeffrey L. Bada, ex alumno de Miller y químico de la Universidad de San Diego en la que éste trabajó durante cinco décadas.

Nacido en Oakland (California) en 1930, Miller estudió Químicas en la Universidad de Berkeley y se doctoró en la de Chicago en 1954. Durante cinco años fue parte del equipo investigador de la Universidad de Columbia hasta que a finales de los cincuenta entró en el campus de la Universidad de California en San Diego, donde trabajó hasta su muerte.

Dedicó su vida a indagar y ampliar los resultados de aquel experimento y a intentar demostrar cómo otras sustancias químicas podían crearse en aquella atmósfera primitiva.

Sus teorías sufrieron un fuerte impulso en 1969 cuando se descubrió que un meteorito caído en Australia contenía todos los componentes químicos que Miller había desarrollado en su sopa de la vida, lo cual sugería que se podían haber formado con facilidad bajo las condiciones presentes en el sistema solar de hace 4.500 millones de años.

No obstante, en las últimas décadas sus teorías han sido rebatidas por científicos como el alemán Gunter Wachtershauser, quien afirma que el origen de la vida se encuentra en válvulas submarinas donde los procesos químicos son catalizados por metales. Miller siempre rechazó esta teoría.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 3 de junio de 2007