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Reportaje:Fútbol | 26ª jornada de Liga

El futbolista que prefiere no jugar

Emerson, que sólo tocó cinco balones en Múnich, es repudiado por sus compañeros y por la directiva, que dice que "está acabado"

No tiene mucho donde rebuscar Capello. Sus hombres de confianza, Fabio Cannavaro y Emerson, a los que importó del Juventus este verano, no están disponibles en la semana que decide la temporada. Cannavaro padece un problema muscular que le mantuvo en Madrid. Emerson, clínicamente, está en condiciones de competir. Lo que sucede es que el hombre no quiere.

El brasileño tocó cinco balones en media hora en Múnich. Se le veía apático desde el calentamiento. En el campo se escondió. Fuera, también. Sus compañeros le ven aislarse, cada vez menos comunicativo, en su mundo. No le apetece jugar al fútbol. Tras regresar de Alemania, un alto cargo madridista entendió que Emerson es un caso cerrado: "Su carrera en el Madrid está acabada", dijo. "El chico no debería jugar más".

Diarra, tocado, es lo opuesto a Emerson: "¡No soy un cobarde! ¡Jugaré contra el Barça!", gritó

Emerson cobra más de cuatro millones de euros al año. Tal vez por eso formó parte de la expedición del Madrid que viajó ayer a Barcelona. Lo hizo con sus auriculares, escuchando música, tal vez bossa nova. En el aeropuerto madrileño de Barajas, mientras esperaba subir al avión, intercambió impresiones con los ayudantes de Capello, que se taparon la boca mientras le hablaban. Tal es la paranoia que sufren los asistentes de Capello, que creen ser constantemente grabados por una cámara. Para evitar que les lean los labios, se los tapan con la mano.

Dimitido Emerson, que acude pero no va, a Capello le queda la disposición del fervoroso Diarra. El maliense sufre un golpe en una rodilla y no puede burlar los dolores. Pero el suyo es el caso opuesto al del brasileño. Tiende a los estados maníacos, al derroche energético, al movimiento permanente. Ayer en el vestuario gritaba: "¡Yo no soy un cobarde! ¡Yo jugaré contra el Barcelona!".

Los gritos de Diarra revelan que la cobardía es un tema de conversación en el vestuario del Madrid. No es extraño. Puesto que Capello empezó la temporada invocando a jugadores "guerreros", parece lógico. Más si cabe, cuando Emerson, llamado a ser el sargento primero, se niega a jugar en el Bernabéu porque no soporta que le piten. Los silbidos lo aturden. Lo desconciertan.

Tras comprobar que Emerson no quiere jugar al fútbol, que está anímicamente mal, Capello le dio la manija del centro del campo frente al Bayern, en el Arena de Múnich y con la supervivencia en la Copa de Europa en juego. Tratándose de un estadio mucho más hostil que el Bernabéu, Emerson sólo tocó cinco veces el balón hasta que fue sustituido en el minuto 31 y ya con el Madrid en desventaja.

Si los pitos de Chamartín le molestaban, en Baviera le pitaron el doble. Algo similar ocurrirá hoy en Barcelona, cuando salte al césped del Camp Nou. Pero Capello piensa insistir. No hay que descartarle para el once inicial.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 10 de marzo de 2007