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Reportaje:

Sáhara 'blues'

Siete ex guerrilleros tuaregs interpretan el rock del desierto

Nada de suburbios de Londres, ni de campus californianos o clubes de música hip-hop. El rock de protesta puede nacer incluso en medio del desierto. Esto, por lo menos, es lo que enseñan siete ex guerrilleros tuaregs del sur del Sáhara llamados Tinariwen, que significa "espacios vacíos" en lengua tamashek.

Reconvertidos en músicos, y tras cambiar los rifles por guitarras eléctricas, presentan ahora su tercer disco. Aman Iman: Water is life (Universal) saldrá a la venta en marzo y les llevará, a partir de abril, de gira por media Europa (las fechas de España aún están por confirmar). Lejos de los enfrentamientos con el Ejército de Malí y con una misión: difundir la cultura y las reivindicaciones de los "olvidados de Dios" del desierto con letras apocalípticas y acordes blues-rock.

Todo empezó en 1979. Centenares de parias vagabundeaban por Tamanrasset, asentamiento de caravanas situado en el sur de Argelia. Por las noches, algunos jóvenes se juntaban para tocar unas guitarras improvisadas con latas e hilo de pescar. Ellos se llamaban Ibrahim Ag Alhabib, apodado Abaraybone, Hassan Touhami e Inteyeden Ag Ableline y se convirtieron en el germen de la banda. Más tarde, la severa sequía que azotó el Magreb a principios de los ochenta condujo a los nómadas tuaregs hasta los campos libios de refugiados: una verdadera escuela de guerrilla, aunque para Tinariwen fue casi como ir a unas clases del conservatorio.

Allí conocieron a otros músicos y, sobre todo, escucharon por primera vez las canciones de Bob Marley, los acordes de Jimi Hendrix y de la generación de Woodstock. Y fue allí donde se formaron como grupo y empezaron una década de clandestinidad, recorriendo los campamentos nómadas de Argelia, norte de Malí y Sáhara Occidental.

En 1999 volvieron a Bamako. En la capital de Malí se dieron a conocer y las discográficas se fijaron en ellos. Aman Iman: Water is life se grabó en 10 días bajo la supervisión del productor británico Justin Adams. El resultado, 12 canciones de amor y lucha, baladas de amor y cantos a su tierra. "La música de Tinariwen transmite lo esencial, no necesita nada más", escribió The New York Times. Y es que ahora sólo necesitan unas guitarras. Para tocar blues y rock del desierto.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 26 de febrero de 2007