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Crónica:FÚTBOL | 35º jornada de Liga

Marqués encuentra su edén

El jugador del Atlético, cedido al filial rojiblanco por el Racing, tiene la confianza de Pepe Murcia

Fernando Marqués sigue sin carné de conducir. Su madre y, de vez en cuando, sus amigos, le llevan a los entrenamientos y le van a recoger. Lleva así desde enero cuando tras un accidente de tráfico le hicieron un control de alcoholemia y dio positivo. Estaba en Santander y eran las cinco de la madrugada. Aún vestía la camiseta del Racing. De la noche a la mañana se encontró sin carné de conducir y con 1.980 euros menos en su cuenta por la multa. "Son cosas que le pueden pasar a cualquiera", dice con inocencia Marqués, que todavía no ha cumplido los 22 años y está convencido de que "mejor ahora que dentro de un par de años".

"La multa es lo de menos, se paga y ya está... pero la sanción de un año y medio es lo jodido... tienes que depender de alguien para que te traiga a todos los sitios", admite resignado. Pero no hay mal que por bien no venga porque mientras se interrumpía su carrera como conductor, despegaba su carrera como futbolista. El Racing, tal y como pasó el año pasado, lo cedió al Atlético en el mercado de invierno en calidad de préstamo y con opción de compra. Con la camiseta del conjunto cántabro había jugado sólo un partido y medio, en las dos primeras jornadas de Liga. En la segunda, ante el Cádiz, salió por decisión técnica después de la primera parte. Que su relación con Manuel Preciado, el entonces entrenador, fuera pésima no es ningún misterio. "Llegar a Santander, en una ciudad nueva, en un club nuevo, y no encontrar el apoyo del entrenador y del presidente duele mucho. No recibí la confianza que estoy recibiendo aquí en el Atlético", afirma. "La falta de confianza al jugador le repercute. Se hace más complicado jugar con más desparpajo, con más ganas y más ilusión", explica.

Marqués, en principio, fue cedido al filial, pero Pepe Murcia -que lo entrenó el año pasado en el Atlético B- lo subió al primer equipo y el joven jugador de Vallecas ha encontrado su edén en el club del Manzanares. "Aquí las cosas son distintas. El entrenador si quiere me saca... y no tiene ningún problema con los más veteranos", explica Marqués, quien debutó en Primera a los 17 años con el Rayo en La Rosaleda. "Pude meter el empate, pero un adversario me sacó el balón de la línea. Esa noche no pude dormir porque si hubiera metido ese gol...", recuerda.

"Murcia confía mucho en mí y sobre todo habla mucho conmigo", enfatiza el joven delantero zurdo. Y es que en los entrenamientos las charlas del técnico con Marqués se han convertido en una costumbre. Se apartan y gesticulan. A veces son tres minutos, a veces cinco, y a veces más. "Me pide que juegue para el equipo, que sea inteligente, que toque y que me desmarque, y que intente regatear del medio campo para arriba", confiesa sonriendo.

Parece ser que los consejos que le da constantemente el técnico le han servido, porque en los últimos cuatro partidos, debido también a las lesiones de Kezman y Torres, Marqués se ha convertido en una de las referencias ofensivas del Atlético.

Pocos minutos ante el Sevilla y el Celta -partidos protagonizados por los ultras del fondo sur- 80 minutos contra el Athletic y 90 en Mendizorroza ante el Alavés, donde el Atlético no había ganado nunca. A Marqués le faltó el gol, eso sí. Pero parece importarle más su futuro en el club rojiblanco que el hecho de marcar. Tiene un contrato con el Racing para las próximas cinco temporadas, pero espera que el Atlético ejerza la opción de compra. "Mi ilusión es quedarme, intentaré hacerlo bien... y si es que no...pues estaré otra vez con la pena de volver a Santander", afirma. El club todavía no le ha hecho saber nada. "Es muy pronto. Ahora lo más importante son los cuatro partidos que nos quedan", explica pensando quizá en la oportunidad de jugar la Copa de la UEFA.

De no recuperarse Kezman para el choque contra el Mallorca, el joven de Vallecas podría volver a estar en el once titular hoy. Ganas no le faltan, pasión por el fútbol tampoco. "En mi tiempo libre juego a la play", cuenta. Pero no conduciendo un coche de F-1 sino jugando a fútbol, pasión heredada en la familia. Su abuelo fue jugador del Numancia -"era defensa", recuerda- y su padre apasionado del fútbol. "Nunca jugó a nivel profesional pero ha sido mi maestro y fue el que me inculcó la pasión por el balón", dice emocionado a la vez que recuerda que le enseñó a regatear. "Era mi padre el que me llevaba a la calle y a los parques a jugar y me compraba las pelotas".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 30 de abril de 2006