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Reportaje:

La reválida del análisis de EPO

El 'caso Heras', además de la inocencia o culpabilidad del ciclista, pone sobre el tapete la bondad del método de detección

Le cuenta Roberto Heras a su esposa, Ana, que, cuando le llegó por el móvil la noticia de que había dado positivo por EPO en la penúltima etapa de la Vuelta a España, lo primero que pensó fue que algún colega quería gastarle una broma pesada. Y Ana, que habla con una tranquilidad pasmosa, sorprendente incluso si se tiene en cuenta que el resultado del contraanálisis correspondiente, que hoy comienza a efectuarse en Madrid, puede cambiarle la vida, cuenta que ella está así de tranquila porque ve a su Roberto muy tranquilo, porque su Roberto no para de decirle que él es inocente, que no ha tomado nada, que todo es un error, una broma, un mal sueño, que está seguro de que el contraanálisis resultará negativo y de que la vida podrá seguir como antes, de que él seguirá siendo un héroe deportivo, de que mantendrá su nivel de ingresos, de que pasará a la historia como el primer ganador de cuatro Vueltas.

"Le veo tan tranquilo que estoy convencido de un contraanálisis negativo", dice el abogado de Heras

La misma pasmosa tranquilidad de un ciclista que puede ver hundirse en un suspiro lo que tantos años le ha costado construir le ha sorprendido también a Andreu Garriga. Le ha sorprendido tanto que la ha convertido en un elemento fundamental de su fe en la inocencia del salmantino. Así que, cuando se le pregunta a Garriga, abogado con experiencia en asuntos de EPO -defendió a Llaneras, Pascual y Kintana-, por la estrategia que seguirá para defender a Heras, su último cliente, responde que ninguna. "Veo a Heras tan tranquilo que estoy convencido de que el contraanálisis será negativo", dice Garriga.

Evidentemente, no sólo de olfato, experiencia o sentimientos vive un abogado. Los hechos también forman parte de su mundo. De su trabajo. Y los hechos indiscutibles, hasta el momento, indican que en la orina de Heras se hallaron restos de un producto, EPO recombinante, que no estarían allí si no fuera porque el dueño de esa orina recibió una inyección con ese producto. "Sí, sí, claro", dice Garriga; "el resultado del frasco A, del primer análisis, no admite dudas. Lo que sí que admite dudas es el método de detección de EPO".

O sea, que Garriga y Heras ya disponen de una estrategia por si el contraanálisis, efectuado en el frasco B y cuyo resultado no podrá conocerse hasta el miércoles al mediodía, confirma el positivo del frasco A. "La estrategia será demostrar que el método de detección no es fiable", afirma Garriga, quien ya hace cinco años, cuando el método daba sus primeros balbuceos, defendió a Joan Llaneras, positivo por EPO en los Campeonatos del Mundo de pista. Entonces, el contraanálisis desdijo al análisis. Fue un negativo clamoroso. Tampoco el contraanálisis había podido confirmar el dopaje de Bo Hamburger, el primer positivo por EPO de la historia, ni el de Massimo Strazzer. En 2003, el perjudicado por un análisis positivo sin confirmación fue el atleta keniano Bernard Lagat y en 2005, cuando los avances técnicos permitieron cambiar el sistema de interpretación y de una lectura cuantitativa, objetiva, del resultado se pasó a una cualitativa, subjetiva, el ciclista Fabrizio Guidi. En total, de 41 casos de EPO en ciclistas, en cuatro hubo contraanálisis negativo. Y de 21 de atletas, en uno.

El problema para el método de detección se agravó, sin embargo, este verano, con los casos de tres triatletas, un belga y dos españoles, cuyos casos se sobreseyeron pese a ser positivos análisis y contraanálisis. Sus expertos demostraron que había habido un error de lectura en sus resultados.

Pocas semanas después, a primeros de noviembre, la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) convocó en París a los directores de los laboratorios capaces de detectar EPO. La conclusión de los debates fue que el método es correcto, pero que podía haber problemas con la interpretación de los resultados. "El método, con el paso del tiempo, detecta mejor, es mucho más fiable, se afina más", advierte Jordi Segura, director del laboratorio de Barcelona, uno de los cinco del mundo considerados como de referencia para EPO; "lo que pasa es que, al ser una lectura subjetiva de las manchas que marcan la presencia de EPO recombinante la que determina un positivo, se recomienda a los laboratorios que confirmen los resultados con un laboratorio de referencia antes de dar un positivo".

El laboratorio de Madrid confirmó con el de París el primer análisis de Heras. Tiene la seguridad de haberlo hecho todo bien y la confianza que le otorga también una de las últimas resoluciones del Tribunal Arbitral del Deporte (TAS), la más alta instancia deportiva, la del caso del ciclista estadounidense Adam Bergman, en la que valida todas las modificaciones introducidas por la AMA en la interpretación de los resultados de EPO.

Sin embargo, ni esta confianza impide que, mientras en la casa de Béjar en la que vive Heras con su familia se duerma a pierna suelta estos días, en Montreal, en su cuartel general, los dirigentes de la AMA contengan la respiración esperando el resultado del contraanálisis, como si lo que ocurra estos días en Madrid fuera la reválida definitiva del método de detección de EPO.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 21 de noviembre de 2005