La danza de la discordia

El Madrid da "libertad" a los jugadores para festejar los goles, pero el vestuario está dividido

El turno de ruegos y preguntas de la asamblea general ordinaria es la ocasión anual de muchos socios del Madrid para expresar sus inquietudes ante Florentino Pérez. El domingo pasado, en un gesto sin precedentes de acercamiento a las bases, el presidente se bajó del estrado y se sentó entre los asambleístas, bajo una especie de púlpito donde los socios hablaban. Con lápiz y papel en mano asistió a la solicitud de un socio muy castizo. "Le ruego", pidió el hombre, "que impida a los jugadores celebrar los goles haciendo la cucaracha porque esa no es la imagen del club que queremos". Florentino Pérez tomó nota con el semblante grave. Otro socio le exigió regir el club "con la seriedad de un banco, con la disciplina de un cuartel y la austeridad de un convento".

El poder del clan brasileño es cada vez más evidente dentro del club madridista

Más información

Cinco horas más tarde, durante el partido contra el Mallorca en el Bernabéu, Ronaldo y Roberto Carlos celebraron sus goles saltando como sapos. Baptista se les unió tímidamente mientras el resto de los compañeros asistían a la coreografía de la misma manera que el público, con una mezcla de suspicacia y resignación. La operación se repitió otras tres veces, según caían los goles, poniendo de manifiesto las diferencias que separan a los jugadores del equipo. Por un lado, los brasileños; por el otro, los demás. Tras el partido, Roberto Carlos dijo en El Larguero de la SER que no ve motivos para no hacer de las danzas zoológicas una costumbre. "Bailamos una canción brasileña que Robinho bailaba en el vestuario: El Sapo. Ensayamos en el vestuario y todos se ríen. Los que quieran están invitados. Nosotros no vamos a dejar de celebrar los goles así".

En un vestuario en el que un entrenador y cuatro ayudantes brasileños imponen las reglas, el poder de Roberto Carlos, Ronaldo, Baptista y Robinho es cada vez más evidente. La danza del sapo, por tanto, es una exhibición de poder a la que los demás jugadores asisten desconfiados. Los españoles no viven una época boyante en el club: Raúl está cansado de intentar liderar un equipo en el que cada temporada le fichan más competidores, Casillas sigue sin renovar, Helguera piensa que no le quieren, Salgado juega amenazado por la sombra de Cicinho, y Guti tiene la desconfianza del entrenador, Vanderlei Luxemburgo. Éste fue padrino de Roberto Carlos en su boda. A Ronaldo no le falta fuerza: su amigo es Florentino Pérez.

Fuentes del club aseguran que al presidente no le agradan estas pantomimas pero prefiere dejar el agua correr. No quiere perturbar a Ronaldo por algo que no considera un problema grave. Un responsable del Madrid que prefirió mantenerse en el anonimato declaró ayer desde su despacho que, más allá del hecho frívolo que se cuestiona, espera que el festejo "no sea el reflejo del vestuario". Esta misma fuente reveló que nadie en el Madrid ha sugerido nada a los jugadores: "La libertad significa mucho para este club".

En la cantera del Madrid, bajo la dirección de Del Bosque, los técnicos orientaban a sus jugadores en el sentido de no festejar los goles dirigiéndose, como hacían, a la grada para dedicarlo a sus familiares o a sus agentes. La norma era hacerlo en grupo y agradecer el pase a su asistente. Consultado por su opinión sobre los bailes en boga, el ex técnico madridista dijo: "No es la mejor celebración posible, pero yo no impondría nada. Ronaldo es un tío sin maldad y no ha querido ofender ni a sus otros compañeros ni al público". "A mí, esa forma de festejar los goles no me gusta", opinó Míchel, ahora técnico del Rayo, "pero cada uno debe ser libre de festejar los goles a su manera, siempre y cuando respete al rival".

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0003, 03 de octubre de 2005.

Lo más visto en...

Top 50