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Reportaje:ATLETISMO | Campeonatos del Mundo de Helsinki

La estrella que viene

Allyson Felix, un ejemplo de precocidad, gana los 200 metros con claridad meridiana

Es tan ligera que parece etérea, sin ninguna equivalencia con las robustas velocistas que han dejado huella en los 200 metros. Nada que ver con Florence Griffith, con Marita Koch, con Marion Jones. Es otra cosa. La estadounidense Allyson Felix es poesía en movimiento: apenas 50 kilos que avanzan como la seda por la pista, con una zancada perfecta, el equilibrio exacto, la decisión inalterable. Sólo tiene 19 años, pero es la mejor del mundo. Venció con una claridad meridiana a su compatriota Rachelle Boone, a la francesa Christine Arron y a la jamaicana Verónica Campbell, campeona olímpica en Atenas. Su marca -22,16 segundos- no es apabullante. Sólo representa el anuncio de la estrella que viene, una chica destinada a la grandeza desde niña. Esa precocidad ha sido a la vez fuente de satisfacción en la pista y de problemas fuera de ella.

Felix ha sido la primera atleta de EE UU que ha saltado del instituto al profesionalismo

Allyson Felix ha sido la primera atleta norteamericana que ha saltado directamente del instituto al profesionalismo. Hace escasos meses firmó un contrato millonario con Adidas, en medio del intempestivo debate entre su entrenadora Pat Connolly y Reinaldo Nehemiah, su agente. En el fondo se discutían dos modelos. Connolly, una entrenadora de la vieja guardia, había dejado su residencia en la costa Este norteamericana para dirigir a una muchacha con un potencial enorme. Desde los 15 años, Allyson se había dedicado a retirar a Marion Jones de las listas de récords juveniles estadounidenses. En su entorno familiar había preocupación por el efecto de su temprana fama. Educada en una familia de clase media, su madre es profesora de instituto y su padre es reverendo. Querían una entrenadora a la antigua, tan preocupada por su progresión en los estudios como por el avance en las marcas. Connolly parecía la persona adecuada. Después de varios años retirada, aceptó un desafío conocido. Treinta años antes había dirigido la carrera de la gran Evelyn Ashford, otra atleta precoz que hacía maravillas en la pista.

Esposa del legendario Harold Connolly, el último atleta estadounidense que ha ganado la medalla de oro en lanzamiento de martillo (Melbourne 56), la entrenadora sólo se ocupó el pasado año de Allyson Felix. Con 17 años, la joven velocista había corrido los 200 metros en 22,11 segundos. Fue en México y no se registró como marca legal, pero el dato era más que significativo. Había nacido una estrella. Pat Connolly creyó que había que cuidarla: pista y estudios. Nehemiah, el primer atleta que bajó de 13 segundos en los 110 metros vallas, opinaba otra cosa: a la chica le esperaba una lluvia de dólares en el circuito profesional. La polémica se agrió después de los Juegos de Atenas, donde Allyson Felix se quedó al borde la victoria. Ya no era el proyecto de atleta que había pasado sin dejar rastro por los Mundiales de París. Se había convertido en una velocista excepcional. La atleta se decidió por el dinero.

Allyson Felix rompió con Pat Connolly, siguió los consejos de Renaldo Nehemiah y entró directamente en el campo profesional, sin ingresar en la Universidad del Sur de California, como tenía previsto. Decidió entrenarse con Bob Kersee, el primer gurú del atletismo estadounidense, marido de Jackie Joyner y técnico en los años ochenta de Valerie Brisco-Hooks (triple campeona olímpica en Los Ángeles), Florence Griffith y Gail Devers. Mientras tanto, inició el noviazgo con Justin Gatlin, el nuevo emperador de las pruebas de velocidad. El despegue hacia el estrellato había comenzado. Sólo faltaba por descubrir el efecto de su decisión. No han sido pocos los atletas que han fracasado por medir mal el salto al profesionalismo. Pero en el caso de Allyson no ha habido mayores problemas. Sus marcas no se han resentido. Su estilo, tampoco. Con 1,65 de estatura y su ligereza, da la impresión de velocista frágil. Le llamaban Patitas de pollo en el instituto, aunque en el gimnasio es una fiera. Mueve kilos con una facilidad impensable. Está claramente diseñada para convertirse en la gran especialista de los 200 metros, con alguna incursión en los 400. Lo anuncia su manera de correr, donde su elegancia es tan visible como su resistencia. En la final se encontró a tres metros de la francesa Arron a la salida de la curva. No fue significativo. Mientras Arron comenzó a pagar la invasión del ácido láctico en sus músculos, Felix continuó como la seda hasta la victoria.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 13 de agosto de 2005