Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Reportaje:MÚSICA

La zanfona impredecible

Con sólo 26 años, el vallisoletano Germán Díaz se ha convertido en uno de los zanfonistas más innovadores de toda Europa. Su nuevo proyecto, Rao Trío, le descubre ejerciendo casi de jazzista con este instrumento medieval. Ellos están ahora de gira por varias ciudades españolas presentando su nuevo disco, Sin título.

Lo de la zanfona surgió casi por azar. Corría el año 1996 y un Germán Díaz bisoño, recién adquirida la mayoría de edad, acertó a presentarse a un concurso de canto tradicional que promovía la Junta de Castilla y León. Ganó las 200.000 pesetas del primer premio y decidió invertirlas en el único instrumento decente que se le ajustaba al presupuesto: una zanfona de segunda mano que había puesto en el mercado Carlos Beceiro, de La Musgaña. A Germán le ha cundido el tiempo desde aquel primer encuentro con ese viejo y maravilloso cacharro medieval de cuerda frotada. Los zanfonistas hispanos e incluso los franceses -maestros absolutos en la materia- coinciden en señalarlo como uno de los instrumentistas más asombrosos que han escuchado nunca. Y su más reciente entrega discográfica, Sin título (Producciones Efímeras/Galileo MC), rubricada bajo el nombre de Rao Trío, no hace sino confirmar las expectativas.

"Lo de Sin título al principio sólo tenía una finalidad jocosa. Luego caímos en la cuenta de que también servía como homenaje a muchos artistas contemporáneos del siglo XX y esa idea nos atrajo más", aclara Díaz desde su domicilio compostelano. Las cosas del amor aceleraron su mudanza a tierras gallegas, hace ya más de un año, aunque a Germán siempre le atrajo la idea de vivir "en la capital espiritual de la zanfona", con el instrumento inmortalizado en el mismísimo Pórtico de la Gloria. "Valladolid y, por extensión, el resto de la región son una estepa para los músicos", se lamenta. "Las instituciones castellano-leonesas apenas apoyan la cultura autóctona y nunca se han preocupado por preservar la identidad ni la riqueza de sus tierras".

De todos modos, Sin título apenas incluye música de inspiración gallega o castellana, aunque se recreen un canto de siega de Os Ancares y la celebérrima Entradilla segoviana que popularizó el dulzainero Agapito Marazuela. La alianza con el bajista César Díez y el batería Diego Martín le permite a Germán desarrollar un discurso fronterizo entre el folclor y la improvisación jazzística. "Nadie debería extrañarse por ello. Lo natural en Europa es que las músicas se nutran de otras músicas, igual que aquí ya hemos aprendido a combinar el jazz con el flamenco. Siento envidia hacia los sellos europeos de jazz ecléctico: ECM, Enja, ACT. Ésas son, ahora mismo, mis grandes referencias".

Lo sorprendente del resul-

tado final le debe mucho a la habilidad de Díaz para extraer de la zanfona sonidos ignotos, casi inconcebibles. "Éste ha sido un instrumento minusvalorado durante siglos, como si sólo sirviera para acompañar coplas de ciego. Aquí he querido reivindicar todos sus recursos: los rítmicos, los melódicos y hasta los armónicos, gracias a los bordones [que vibran por simpatía con las cuerdas principales]. Y, aunque no se pueda conseguir una excesiva velocidad, el francés Valentin Clastrier ya ha demostrado que se puede tocar la zanfona junto a grandes improvisadores. Las limitaciones a menudo nos las imponemos nosotros mismos, no los instrumentos...".

Desde aquel concurso de 1996, Germán Díaz ha cultivado su pasión zanfonística de la mano de su tío, el eminente etnógrafo y folclorista Joaquín Díaz, y del trovador berciano Amancio Prada, buen amigo de la familia. Pero en el capítulo de agradecimientos ocupa un lugar preeminente la Asociación Ibérica de la Zanfona, un hermoso proyecto impulsado por Luis Delgado, el luthier Jesús Reolid y el también zanfonista Rafa Martín, hoy en La Bruja Gata. "Esa gente ha conseguido organizarnos clases magistrales con los mejores zanfonistas del mundo. Ellos fueron quienes me abrieron la mente. He aprendido a ser un músico orgánico, a socializarme y propiciar ese enriquecimiento que sólo se consigue a través del contacto personal". Y esa "socialización" empieza a dar sus frutos, desde luego. Antes de Rao Trío, Díaz ya había firmado un primer disco en solitario (El suéter de Claudia, 2003), un álbum a dúo con el zanfonista francés Pascal Lefeuvre y el proyecto Zona Acústica, encabezado por el contrabajista gallego Baldo Martínez. Para la próxima temporada planea volver a firmar un álbum con su nombre propio. "Sí, me encanta picotear en distintos campos. Tocar con gente muy dispar es el camino más recto y seguro para aprender mucho".

¿Y sus pinitos como cantante? A Germán se le escapa una risita nerviosa. "Cantar en público me cohíbe, me intimida. Abrazado a un instrumento me siento mucho más parapetado". Y así, el manubrio de su vieja zanfona echa de nuevo a rodar.

Rao Trío actúa hoy en Santiago de Compostela (plaza del Toural); el día 30 en Salamanca (El Corrillo, Festival de las Artes de Castilla-La Mancha); el 15 de julio en Sevilla; el día 16 en Jaén (Etnosur) y el día 23 en Arévalo (Auditorio).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 18 de junio de 2005