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Entrevista:SOMBRAS NADA MÁS | Guillermo Toledo, actor

Siempre es mejor en la playa

El 22 de mayo cumple Guillermo Toledo 35 años, y estos días estrena con Animalario, su grupo, Hamelin, una obra de Juan Mayorga que dirige Andrés Lima, director habitual del grupo. En el escenario, con Guillermo, están Alberto San Juan, la otra espina dorsal del grupo, y Blanca Portillo y Elena Castañeda, que son nuevas en esta plaza... Es en La Abadía, en Madrid, un escenario bien convencional para ellos. Alejandro y Ana, la ahora famosa dramatización cómica de la boda de la hija del anterior presidente del Gobierno, fue representada en salones de bodas; han actuado en la calle, en escenarios alternativos... Siguen teniendo el aire indómito que manifestaron en una famosa gala de los Premios Goya y ahora ponen en escena uno de los asuntos más difíciles de su dramaturgia: la pedofilia. Es imposible imaginarlos solemnes sobre las tablas a Alberto San Juan (su compañero de siempre) y a Guillermo. A éste hay que imaginarlo siempre en la playa de su infancia, la del Médano, en Tenerife. Es hijo de una psicóloga, Teresa Monsalve, y de un cirujano, José Toledo, uno de los más importantes quirúrgicos del mediastino en Europa. Éste nació junto a aquella playa, y Guillermo aún camina con ese aire indolente que da la experiencia de andar descalzo muchos meses al año por las arenas que le enseñaron a pisar.

Animalario. "Fui a la escuela de Cristina Rota, y allí estábamos Alberto San Juan y Ernesto Alterio... Juntos decidimos poner en marcha el grupo, que primero se llamó Ración de Oreja; Animalario fue el título de la primera obra, y nos quedamos luego con ese nombre... Y han pasado 10 años, el grupo sigue, y es el único de nuestra generación que se mantiene... Surgió porque teníamos ganas de hacer cosas por nuestra cuenta sin tener que esperar por el director de casting... Máximo hizo el cartel de la obra y todavía lo tenemos ahí, es un emblema... La verdad es que es difícil mantener tan larga relación con alguien, pero con Alberto siempre ha habido una relación excelente, aprendemos unos de otros; por aquí han pasado decenas de personas, y para Hamelin han venido dos actrices nuevas...".

Éxito. "Para mí el éxito es trabajar y poder parar de trabajar... Cuando me di cuenta de que yo podía vivir de ser actor, que fue a los tres años de empezar, tuve esa intuición: eso es el éxito, poder parar... Ahora digo que no a muchas cosas, porque mi prioridad es el teatro... El proceso de creación de Hamelin fue apasionante; hemos hablado durante mucho tiempo con pedagogos, con abogados, hemos aprendido muchísimas cosas de los problemas que conlleva la pedofilia, y esto es muy diferente al proceso de ensayo de una película... Nosotros en el teatro controlamos el proceso desde el principio, intervenimos hasta en el cartel... Y eso da mucha libertad".

Mística. "En el teatro tienes un contacto directo, y a diario, con el público... Si tengo una buena noche, mi experiencia en el escenario puede ser mística, casi. Desconecto, siento odio o amor, según lo marque el guión, y lo siento de veras, me siento cabrón o sublime, y lo siento hasta el fondo, ¡disfrutando de ello!".

La playa. "Allí, en el Médano, aprendí la libertad, andar descalzo, la primera vez de todo, también del amor. ¿Y cómo vivo sin la playa en Madrid? La verdad es que lo que me da la playa sólo lo siento ahora encima de un escenario... Mi familia, mi barrio de la Prospe, en Madrid, los amigos que no me hablan de trabajo sino de la vida, eso es lo que me pone a ras de tierra... Porque claro que soy vanidoso, cómo no lo voy a ser, todo el mundo ha de tener algo de vanidad, hemos de gustarnos algo para sobrevivir... Es como el miedo, también has de tener algo de miedo para seguir existiendo...".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 15 de mayo de 2005