Reportaje:GOLF | Masters de Augusta

El regreso del Tigre

Tres años después de su útimo 'grande', Woods logra su cuarta chaqueta verde al derrotar a DiMarco en el desempate

La bola de Chris DiMarco, corta de nuevo, volvió a quedarse en el borde del green del hoyo 18. La de Tiger Woods, centrada por fin, a tres metros de la bandera. El chip de DiMarco, delicado, sensible, dejó la bola muerta a centímetros del agujero. Woods volvía a tener la oportunidad. Un nuevo putt para ganar el Masters. El cuarto. El que más trabajo le había costado. El que sólo pudo asegurar en el primer asalto del desempate. Esta vez no falló.

El cónclave, tras cuatro días de agitadas sesiones, emitió su veredicto, que no dejará de satisfacer a los más puristas, a los monoteístas del deporte. Arriba, por encima de todos, no marca los destinos del golf una de esas constelaciones llamada los big five (cinco grades) o los fab four (fabulosos cuatro). Ni siquiera la más modesta trinidad. No. Ni el sonriente zurdo Phil Mickelson, ni el felino Vijay Singh, ni el discreto Retief Goosen, ni el muy dotado Ernie Els..., tienen aún derecho a reclamar su parte en el trono. Aún no. No hay discusión. Se acabó el debate. Aún el golf se rige por los designios únicos de Woods, quien ayer, ocho meses antes de cumplir los 30 años, ganó su cuarta chaqueta verde de Augusta. No sin antes, eso no, doblegar la increíble, inesperada, resistencia de DiMarco.

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El Masters, que llega tres años después de su segundo Open de Estados Unidos, en 2002, es el noveno título grande en la carrera de Woods, quien ya se encuentra a medio camino de su objetivo confesado: igualar al menos las 18 victorias de Jack Nicklaus. Con su cuarto Masters iguala al histórico Arnold Palmer y se coloca a dos del casi inalcanzable Nicklaus. De paso, recupera de manos de Singh la corona de número uno mundial.

Woods comenzó la última ronda con tres golpes de ventaja sobre DiMarco, líder las dos primeras, después de concluir por la mañana una de las grandes remontadas de la historia: en 18 hoyos sacó nueve golpes a DiMarco, quien había partido con seis de ventaja. No parecía que fuera a sufrir mucho.

DiMarco no tiene ni gurú, ni maestro, ni método. Y tampoco sabe jugar los domingos. A sus 36 años, con tres victorias, recorría el circuito en sus tiempo mozos en una furgoneta pintada por él mismo con los colores de los gators (caimanes), el símbolo de la Universidad de Florida. También solito se ha apañado una forma de agarrar el putter llamada la garra o el psicoagarre, que era todo lo que necesitaba para sobrevivir. Y para triunfar de vez en cuando. El golf es una cosa sencilla: driver largo y centrado, recto, hierro corto, putter. Las semanas buenas, sea cual sea la distancia, las emboca todas en el green. Las malas piensa en otra cosa. Sin comerse la cabeza con más filosofías o teorías complejas, brilla siempre en Augusta. En su debut, en 2001, fue líder los dos primeros días y acabó décimo. En 2004 llegó a ser líder tras la tercera jornada y acabó sexto.

"Este DiMarco", le contaba José María Olazábal a Miguel Ángel Jiménez, antes de despedirse, el sábado, "depende de lo fino que anden con el putter. Si enchufa el primero, todos van detrás. Si falla uno, se pierden". Y el malagueño le respondía: "No te creas, no te creas. Que he estado dos rondas jugando con él y también tiene su jueguecito corto, sus chipitos, su toque. Va a ser duro de pelar".

Tenía razón Jiménez como pudo comprobar Woods, quien comenzó en tromba -dos birdies en los dos primeros hoyos- y pensó, con cuatro de ventaja, que ya estaba todo hecho. Pero DiMarco no se achicó. No estuvo feliz con el putter, pero aguantó y Woods comenzó a cometer errores. Con el driver, un swing descontrolado a veces, y con los hierros. Llegados al hoyo 16, la ventaja de Woods, que siempre que había comenzado la última ronda de un grande, seis veces, como líder había ganado, se había reducido a un golpe. Y el futuro le era incierto. DiMarco, en el green. Woods, en el borde, en la hierra alta. Un golpe afortunado, un chip, una bola que rodó por la ladera del green, se quedó colgada en el borde unas décimas de segundo, dramáticas, obligando a media América a soplar en la pantalla del televisor, pareció cerrar la pelea. Un birdie inesperado. Dos hoyos, dos golpes de ventaja. Pero sucedió lo imposible: Woods falló todos sus golpes en los dos últimos hoyos. Tuvo la oportunidad de ganar con un putt de cuatro metros después de que la bola de DiMarco pasara por encima del agujero. La perdió. Increíble: Woods cerraba sus últimos dos hoyos con dos bogeys. Y DiMarco estuvo a la altura para aprovecharlo y forzar el 13º desempate del Masters. Y para perderlo. "He jugado muy bien", dijo con lágrimas; "pensé que iba a ganar".

Clasificación final: 1. T. Woods (EE UU), 278 (vencedor en el primer hoyo del desempate). 2. Ch. DiMarco (EE UU), 278. 2. 3. R. Goosen (SA) y L. Donald (Ing.), 283. 5. V. Singh (Fiyi), M. Weir (Can.), M. Hensby (Aus.), R. Pampling (Aus.) y T. Immelman (SA), 284. 10. Ph. Mickelson (EE UU), 285. 13. T. Lehman (EE UU), 287. 20. B. Langer (Ale.), 289. 25. T. Bjorn (Din.), 290. 31. M. Á. Jiménez, 293. 47. E. Els (SA), 298.

Tiger Woods da rienda suelta a su alegría.
Tiger Woods da rienda suelta a su alegría.REUTERS

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 10 de abril de 2005.

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