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Crónica:FÚTBOL | 29ª jornada de Liga

Roberto Carlos despierta la nostalgia

Un gol del lateral brasileño concede al Madrid una victoria por la mínima en el Bernabéu frente al Málaga

La nostalgia atravesó el Bernabéu en una jugada de Roberto Carlos que recordó tiempos mejores suyos y del Madrid, cuando el pequeño lateral dominaba la banda izquierda como ningún otro lo ha hecho desde Gento. Sin duda, Roberto Carlos pasará a la historia del Madrid como uno de sus jugadores más importantes, un extraño lateral que resultaba tan decisivo como un delantero centro en el juego del equipo. Por la frecuencia de sus cabalgadas, por el poderío de sus llegadas, por el terror que generaba en las defensas rivales, Roberto Carlos puede situarse entre los más grandes laterales que ha dado el fútbol. También entre los más heterodoxos, y entre los demagogos más exaltados, pero como jugador quedará como una figura inolvidable. A Roberto Carlos cada vez le quedan menos viajes de ida y vuelta por el flanco izquierdo. Es ley de vida, aunque no hay nadie que le discuta el puesto en el Madrid. Ni de lejos. Su gol dio la victoria al Madrid en un partido irregular, sin la tensión que podía presumirse en las gradas y con un fútbol discreto. Al Madrid no le faltó tenacidad, estimulado por los mensajes que había escuchado de su presidente en los últimos días y por la evidencia de una crisis que se había vuelto insoportable con una derrota.

REAL MADRID 1 - MÁLAGA 0

Real Madrid: Casillas; Míchel Salgado (Celades, m. 74), Samuel, Helguera, Roberto Carlos; Figo, Guti, Beckham, Zidane; Raúl (Solari, m. 81) y Ronaldo (Owen, m. 85).

Málaga: Arnau; Alexis, Fernando Sanz, César Navas, Valcarce; Gerardo, Marcelo Romero (Iznata, m. 74), Miguel Ángel, Duda; Edgar (Amoroso, m. 65) y Fernando Baiano (Wanchope, m. 80).

Gol: 1-0. M. 61. Roberto Carlos, de tiro cruzado.

Árbitro: Mejuto González. Mostró la cartulina amarilla a Zidane.

Unos 75.000 espectadores en el estadio Santiago Bernabéu.

Ganó con una aparición de Roberto Carlos en los terrenos que antes frecuentaba. Llegó desde la izquierda, invadió el callejón del 10 y se perfiló para un remate que salió violento, raso, imparable. Se estiró Arnau, pero no había nada que hacer. El tiro llevaba la vieja firma del lateral. En las gradas se celebró el gol con alivio porque el encuentro comenzaba a enredarse para el Madrid. Pero, sobre todo, el tanto devolvió a la hinchada a tiempos no tan lejanos, cuando el equipo disponía de una imponente variedad de recursos para ganar los partidos. Uno de ellos era el fulgurante brasileño, de nuevo decisivo, aunque fuera por un día. A su alrededor, los jugadores festejaron el gol con un extraño entusiasmo. O no. El equipo sabe que está en el final de una época y que los momentos de alegría cada vez serán menos. Algunos abandonarán el Madrid; otros tendrán que aceptar el inexorable paso del tiempo. Mientras tanto, al equipo todavía le queda el último trecho de la Liga. No será fácil recorrerlo: el Barça se mantiene lejos y el nerviosismo abunda en el Madrid y su entorno. El festejo probablemente tuvo que ver con esta evidencia.

A una salida bastante vigorosa del Madrid siguió el fútbol plano de costumbre. Demasiado vigor en un equipo poco dado a la percusión. Todos querían llegar pronto a la portería. Y el primero, Guti, cosa sorprendente en un jugador que siempre ha manejado bien el tiempo de los pases. Ya le ocurrió en Getafe, donde se aturdió inesperadamente y quiso dar pases de gol desde cualquier sitio. Frente al Málaga se equivocó en varias de sus primeras acciones, incomodado por el marcaje de Miguel Ángel, que no le perdió ojo hasta la segunda parte. Cuando el Madrid se enteró de que así no había manera, el partido entró en una fase decaída que levantó algunas protestas entre los aficionados. No fueron muchas ni demasiado sonoras. El público estaba molesto, pero no irritado, aunque en el campo apenas ocurriera nada. El Malaga pretendía aprovecharse del nerviosismo del Madrid, confiado en el efecto desestabilizador que tenía el empate. Por su cuenta, el Málaga no hacía demasiado. Un remate de Fernando Baiano se escapó a un palmo del poste. Nada más.

El Madrid no se descompuso por las dificultades que encontraba para marcar. Roberto Carlos daba señales de actividad por la banda izquierda y Guti mejoró su rendimiento en la segunda parte, con todo lo que eso significa. Más o menos, los jugadores comenzaron a sentirse más cómodos. Nadie destacó por lo deslumbrante de sus acciones, pero comenzaba a sospecharse en la victoria del Madrid. Los laterales progresaban por las bandas, Figo resolvía alguna acción por la derecha, Beckham encontraba espacio para cruzar la pelota al área y, lo más sorprendente, Raúl y Ronaldo consiguieron conectar. Nunca han sido una pareja que haya mezclado bien en el campo, como si el estilo de ambos fuera tan antagónico que se rechazaran. A veces, los extremos se tocan. No en el caso de Raúl y Ronaldo. Sin embargo, un excelente pase de Rául al brasileño, que cerró la jugada con un leve toque de izquierda adivinado por Arnau, fue lo mejor del encuentro. No lo más importante. Eso quedó para el remate de Roberto Carlos y el aroma de nostalgia que invadió al estadio. La afición lo había visto tantas veces durante tantos años que lo echaba de menos. Quería recordar a sus figuras y en ese instante tuvo la oportunidad de hacerlo: Roberto Carlos progresando desde atrás, buscando el perfil para el remate, cruzando un tiro sensacional. Y la victoria. Como en los viejos tiempos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 21 de marzo de 2005