Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Necrológica:

Martha Strada, diva de la balada cubana

La cantante baladista cubana Martha Strada murió la pasada semana en el hospital Cedars de Miami a causa del agravamiento de un padecimiento cardiaco, según informó su familia, que hará un sepelio en la intimidad. Había llegado a Florida en 1992, cuando salió por primera vez de Cuba y pidió asilo político en Estados Unidos.

La cantante, que contaba 78 años y cuyo verdadero nombre era Marta Oliva Agrandes Concepción, había nacido en La Habana en 1927. Inició sus estudios de canto con la prestigiosa soprano y maestra rusa Mariana de Gonitch (San Petersburgo, 1900-La Habana, 1993), a la que se relacionaba con la tradición andaluza de los Hermanos García.

Tenía Martha Strada una potente voz de mezzosoprano que la rusa le cultivó en los registros graves, y así la presentó en 1960, tras concluir sus estudios de guitarra. Las condiciones sociales y las modas de la época la derivaron hacia los géneros ligeros.

Martha Strada singularizó la balada a su estilo personal, desgarrado, profundo, melancólico y de gran dramatismo, lo que conseguía con la cubanización de canciones italianas como La tómbola, Viento, Venecia o La mamma, que cantaba en traducciones al castellano. Entre sus grandes éxitos también estaba Días como hoy y Sésamo, pero su bandera interpretativa fue Abrázame fuerte (1965), que se convirtió en un himno transgresor de la noche del cabaret habanero de los primeros años sesenta y de la bohemia nocturna.

Es el momento de su primera gran frustración, cuando un empresario del Teatro Olympia de París viaja a La Habana para oírla, pretende contratarla para la prestigiosa sala parisina, pero las autoridades cubanas no la dejaron salir de la isla.

Aunque siguió cantando, a partir de la llamada Ofensiva Revolucionaria de los años 1967 y 1968 su nombre fue quedando oscurecido y marginado. Un accidente la llevó varias veces al quirófano y eso la terminó de alejar de los escenarios ya en los años ochenta.

La Strada, como era conocida desde sus días de éxito en las grandes producciones de Tropicana, pasó del gran cabaret a la sala más íntima del night club. Decían que se parecía a Anna Magnani y ella lo cultivaba en la enorme legión de admiradores que la seguía de pista en pista.

También se presentaba bajo el marchamo de "declamadora poética", y era una pasional recitadora de Rafael Alberti, García Lorca, Antonio Machado y César Vallejo, lo que volvió a hacer con gallardía en Miami en 1996 en un memorable concierto en el teatro de Bellas Artes, donde cantó y recitó sus clásicos.

La Strada era contemporánea (años más, años menos) de Elena Burke, Olga Guillot, Gina León y Freddy, y también la que debutó más tarde, siendo probablemente la última gran diva de un género nocturno, vividor de intensidades y adscrito a un sentido de la música vocal popular que languidecía.

Tras la producción de Tropicana Los romanos eran así, creada por Meme Solís a principios de los años setenta y canto de cisne de un estilo de diversión y de cabaret, Martha Strada, hasta su defección de la isla, vagó por clubes pequeños y no volvió a grabar ningún disco (sólo hizo un long-play y dos 45 rpm) y su mito inspiró mucha leyenda y literatura.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 8 de marzo de 2005