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ATLETISMO | Campeonatos de Europa en pista cubierta Madrid 2005

La sueca Klüft deslumbra en el pentatlón

Cargada de galardones, la sueca Carolina Klüft llegó a Madrid en busca del único que le faltaba: el de Europa en sala. Y, como acostumbra desde hace cuatro años, también se lo llevó. Nadie lo ponía en cuestión. Campeona olímpica de heptatlón en los pasados Juegos de Atenas, a sus 22 años, Klüft no encuentra rival.

La cuestión era otra. Se trataba de saber si, apenas siete meses después de que lograra su título olímpico en Atenas -antes había conquistado el Europeo (2002) y el Mundial (2003)-, Klüft sería capaz de derribar el récord que, desde hace 13 años, ostenta Irina Byelova en pentatlón. La rusa acumuló entonces 4991 puntos en las cinco pruebas. Klüft no la superó. Con 4948, se quedó a un suspiro. El peso, la prueba que menos domina, la condenó.

Segura en las modalidades técnicas (el salto de altura, el de longitud y los 60 metros vallas), la expresiva sueca falló en la que anda menos fina. Su gesto de rabia, al sacarse la muñequera, fue premonitorio. La bola no superó los 13.29 metros, uno menos que su mejor marca personal, y el ritmo de récord que llevaba hasta entonces -algo más de 1000 puntos por prueba- se truncó.

Tras el salto, necesitaba una proeza: correr los 800 en 2m10s40, más de cuatro segundos más rápida que su mejor marca en pista cubierta. Puso el alma, pero desfalleció.Torció el gesto primero, después sonrió. Hace tiempo que predica que, antes que un récord mundial, prefiere la paz en el mundo. Suena a tópico, pero, en su caso, no tanto. Porque, al margen de la retórica, la rubia Klüft ha demostrado una gran conciencia social. Desde que, a los 16 años, se decidió a apadrinar su primer niño africano, la sueca en toda clase de iniciativas de enrolarse en iniciativas para "contribuir a que este mundo sea mejor". "Tal y como está ahora no me gusta", cuenta, "así que contribuyo en lo que puedo". A través de un programa de apadrinamiento -ya va por el tercer niño-, se ha involucrado en los programas de ayuda al continente africano. Se cartea con los niños y les cuenta que le gusta correr y saltar. "Y ellos me responden que les gusta el fútbol, sin saber que a mí también". Hija de un ex futbolista sueco profesional, Klüft también le dio al balón en su niñez. Hasta que sus cualidades físicas la encaminaron por otros derroteros.

Pero eso fue hace años. Ahora sus intereses se han desviado. Recién matriculada en la universidad de Vaxjö, su ciudad, estudia Paz y Desarrollo Socioeconómico. "Lo hago para saber cómo podemos ayudar a tanta gente que vive en la pobreza; cuál es el mejor modo para tener justicia en este mundo y cómo la paz es necesaria para el desarrollo", explica.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 5 de marzo de 2005