Reportaje:

El último gran Ícaro finlandés

Janne Ahonen, gracias a su técnica y a las nuevas reglas 'antianorexia', va camino de batir todos los récords de saltos con esquíes

El pasado miércoles, en la localidad austriaca de Bischofshofen, se esperaba el último milagro de los aires. Bajo la lluvia, con un frío tremendo, estuvo a punto de producirse, pero sólo se rozó. Sin embargo, la hazaña protagonizada esta temporada por el finlandés Janne Ahonen sigue en pie. Pese a lograr un último segundo salto más largo, de 140,5 metros, fue superado por el austriaco Martin Hoellwarth. Ahonen perdió así la posibilidad de igualar al alemán Sven Hannawald, que en la edición 2001-2002 ganó las cuatro pruebas del tradicional torneo de los Cuatro Trampolines. Pero venció en el torneo, tras ganar antes en Oberstdorf y Garmisch (Alemania), e Innsbruck (Austria), lo que supuso su tercer éxito tras los de 1999 y 2003, a sólo uno de los cuatro torneos ganados por el alemán Jens Weissflog, una de las leyendas de la modalidad.

Fue, en cualquier caso, un gran éxito más, porque Ahonen volvió a ganar ayer. Lleva diez años en la élite de los saltos de esquí, pero esta campaña se ha subido tanto al trono de los cielos que ya sólo le queda, curiosamente, superar en el palmarés de todos los tiempos al más grande finlandés volador hasta ahora, su compatriota Matti Nikaenen, el juguete roto encerrado en la cárcel por su caída al abismo del alcohol que le llevó a apuñalar a un hombre. A Ahonen sólo le faltan ya medallas olímpicas. Fue cuarto en Nagano 98 y en Salt Lake City 2002, pero a sus 27 años aún le espera Turín 2006.

El finlandés fue segundo en Bischofshofen y también en una de las pruebas de Harrachov (República Checa) de las 13 ya celebradas en la Copa del Mundo, que ganó por primera vez la temporada pasada. Pero se ha impuesto en todas las demás, 11, cuando en toda su carrera había vencido antes en 18. Un insólito dominio, que ya ha dejado pequeña la racha, ya rota, del estadounidense Bode Miller en esquí. De hecho, tras vencer en Innsbruck, con seis triunfos seguidos, superó ya otro récord de Hannawald, y ayer, al ganar en Willingen (Alemania), el 11º -tomándose la revancha sobre Hoellwarth, segundo-, igualó el de una sola temporada de otro alemán, Martin Schmitt, que fue cuádruple campeón mundial. Y le quedan 15 concursos aún para mejorarlo.

¿Por qué ha explotado Ahonen tan espectacularmente después de tantos años entre los mejores, pero sin arrasar como ahora? Él mismo dice haberse entrenado mejor que nunca en verano y tiene una técnica y un físico perfectos, que le permiten despegues y vuelos aerodinámicos casi perfectos, sin vibraciones de los esquíes. Pero también sabía que un cambio en el reglamento de los saltos le podía beneficiar más que a otros. Según él, se acorta la longitud de las tablas -con lo que ello supone de menor posibilidad de planear-, si el índice corporal del saltador, calculado por su altura y peso, es inferior a 120 -por ejemplo, si mide 1,80 metros no debe pesar menos de 65 kilos con traje y botas incluídas-, pues ello indicaría una delgadez peligrosa. La Federación Internacional tomó cartas en un delicado asunto, alarmada por los casos de anorexia entre los saltadores, que para poder volar más habían generalizado dietas de adelgazamiento hasta desembocar en la grave enfermedad. Según algunos estudios, un kilo menos podía suponer hasta cinco metros más. Una variante, incluso, fue la de Hannawald, retirado con el síndrome de "fatiga física y mental".

Ahonen, en cambio, es un modelo de concentración. Se le conoce como The Mask, La Máscara, porque casi nunca se ríe. Sólo esbozó una sonrisa en Innsbruck. Nacido en Lahti, cuna del esquí nórdico finlandés, en una familia de clase media -su padre es sastre y su madre trabaja en una fábrica de útiles de pesca-, sigue viviendo allí con su mujer y su hijo pequeño en un chalé junto a un lago. Pero su seriedad no le ha impedido posar como un Ícaro moderno, con pantalones y el torso desnudo, en su página de Internet. No le importa mostrar su fisico porque precisamente está sacando partido de él. Con sus 1,84 metros de estatura y 66 kilos de peso tiene un margen de uno o dos kilos para llevar los esquíes más largos, de casi 2,70 metros, el 146% de su estatura. Y asombrar. Ayer otra vez.

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 09 de enero de 2005.

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