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Crónica:FÚTBOL | 17ª jornada de Liga

El Sevilla explota las miserias del Madrid

El equipo andaluz, a la altura de su fama de competitivo, pudo moverse por el césped con toda naturalidad

Un equipo destinado a la felicidad vive instalado en el drama continuo. Es el Madrid, condenado a otro juicio sumario de la hinchada, que se irritó con la derrota frente al Sevilla. El Bernabéu es cualquier cosa menos un fortín. No digamos sin Ronaldo, el jugador que todavía marca la diferencia. Una lesión le impidió salir con los titulares. El efecto fue doble: el Madrid pareció menos de lo que es, y no es mucho en estos tiempos, y el Sevilla se sintió aliviado por la ausencia. Del partido quedó la facilidad del Sevilla para producir ocasiones y el terco empuje del Madrid. Con estas condiciones el duelo fue bastante raro. El Madrid estuvo tan cerca de la catástrofe que casi salió aliviado de la derrota. El problema es que esa derrota le hace un daño enorme. Le aparta de la Liga y vuelve a enviar el mensaje de los últimos meses: es un equipo aplastado.

REAL MADRID 0 - SEVILLA 1

Real Madrid: Casillas; Michel Salgado, Helguera, Samuel, Raúl Bravo; Figo, Beckham (Ronaldo, m. 46), Guti, Figo, Zidane; Raúl y Owen (Solari, m. 59).

Sevilla: Esteban; Sergio Ramos, Javi Navarro, Ruiz, David; Alves, Martí, Renato (Casquero, m. 92), Jesuli (Jordi, m. 79); Baptista y Carlitos (Jesús Navas, m. 62).

Gol: 0-1. M.19. Baptista recoge un rechace en casi la mitad del campo madridista, supera en velocidad a Samuel y bate a Casillas en su salida.

Árbitro: Pérez Lasa. Enseñó cartulina amarilla a Samuel, Michel Salgado, Figo y Baptista.

Unos 45.000 espectadores en el Santiago Bernabéu.

El Sevilla estuvo a la altura de su fama de equipo competitivo, no siempre confirmada en el Bernabéu, donde muchas veces se ha borrado. Esta vez, no. Jugó con entereza y buen ojo para tirar contragolpes, casi todos temibles para la defensa del Madrid. Cada ocasión fue un mano a mano con Casillas, nada de remates de media distancia o cabezazos. Eran jugadas sencillas, limpias, ejecutadas con una velocidad que a los defensas del Madrid les parecían supersónicas. A la cabeza del reparto se situaron Alves y Baptista, los dos mejores del partido. Alves, que hace un año funcionaba como lateral largo, ahora juega como interior derecha. Sorprende menos que antes, pero en el Bernabéu amargó la noche a Raúl Bravo, cuyas carencias como lateral son asombrosas. Jugó porque García Remón le tiene castigado a Roberto Carlos, que tiene el puesto como si fuera su finca privada. Con razón, a pesar de su lastimoso estado. Es el problema del Madrid: la mayoría de sus estrellas han entrado en un declive pronunciado y, sin embargo, nadie puede discutirles la titularidad.

Lo de Baptista fue la apoteosis de la potencia y la llegada abrumadora al área. El Madrid nunca encontró la manera de detenerle. Arrancaba desde la media punta, recibía un pase y superaba a los centrales como si fueran postes de teléfono. Baptista marcó el gol de la victoria y eso tiene mérito, pero pudo hacer historia. Se midió con Casillas en varios mano a mano y no ocurrió nada ante la sorpresa de los madridistas, que lo interpretaron como la única señal positiva del encuentro. Al borde del abismo durante toda la noche, el Madrid se aguantó en el partido por las concesiones del Sevilla frente a Casillas. Al fondo, la decepción del público, cada vez más irritado con su equipo. La gente ya no repara en gastos. Le da igual cualquiera. Todos están en el punto de mira. No se salvó García Remón tras la sustitución de Owen por Solari. Había entrado Ronaldo por Beckham tras el descanso y el equipo tampoco funcionaba. El entrenador, que ha aguantado a pie firme el terrible periodo que le legó Camacho, parece que a veces entra en estado de shock, como si le pudieran las situaciones de máxima tensión. Su apuesta de tres delanteros duró diez minutos. Luego sacó a Solari, seguramente para equilibrar y darle simetría al equipo. Pero en el ambiente quedó la idea de la indecisión y el público se lo hizo saber con silbidos. Algunos se dirigieron al presidente, por primera vez cuestionado por un amplio sector de los aficionados. Así de cambiante es el fútbol. Hace seis meses ganó las elecciones con el favor del 95% de los votos. Ahora comienza a sentirse contestado.

El Madrid jugó mal desde el comienzo. No le faltó coraje, pero de juego estuvo tieso. Zidane mantiene su escandalosa precariedad, Beckham fracasó nuevamente y Raúl dio demasiadas señales de angustia. En la izquierda, Figo hizo las únicas cosas interesantes en el primer tiempo. Al menos, fue una amenaza para Sergio Ramos, que aguantó el tipo. Pero el partido tenía dueño: el Sevilla. Se encontró comodísimo en un partido donde se defendió con mucha gente y contragolpeó con claridad. En todas las zonas del campo parecía que había más jugadores del Sevilla. O al revés. El Madrid ha llegado a un punto donde siempre está en cueros. Siempre parece que tiene poca gente: en la defensa, en el medio campo y en la delantera. Lo pagó frente al Sevilla, que se movió por el campo con toda la naturalidad. Nunca entró en crisis. Sólo le faltó dar el golpe. Ganó, y no es poco, pero se encontró con todos los elementos favorables para destrozar al Madrid, expuesto en varias ocasiones a la goleada. Pero la derrota no evita pensar que el equipo está condenado a una temporada dramática. Tiene imposible la Liga, la amenaza de la Juve es terrible y la posibilidad de regeneración no existe. Este equipo está exprimido desde hace demasiado tiempo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 23 de diciembre de 2004