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Un grupo de la UPV desarrolla un nuevo modelo para estudiar el glaucoma

La catedrática Elena Vecino denuncia que la "precariedad" de medios perjudica su trabajo

La investigación del glaucoma, una enfermedad ocular que afecta al 2% de la población mundial y que representa la mayor causa de ceguera, cuenta en la Universidad del País Vasco (UPV) con uno de los grupos más destacados a nivel internacional. El equipo comandado por la catedrática de Biología Celular Elena Vecino se ha convertido en los últimos años en un referente en el estudio de una patología llena de interrogantes, puesto que no se conocen ni sus causas ni se ha logrado un tratamiento que permita su curación.

El trabajo de sus nueve miembros se ha centrado en el desarrollo de un modelo animal lo más parecido posible al humano con el fin de estudiar y recoger datos y procesos que puedan ser trasladables a las personas. "Uno de los frenos en el caso del glaucoma ha sido la ausencia de un modelo animal válido. La mayoría utiliza ratas y ratones, cuyo sistema ocular es muy distinto al humano, alguno utiliza monos, pero eso genera numerosos problemas éticos. Nosotros hemos optado por los cerdos, que tienen una visión similar a la nuestra", explica.

Vecino ha dedicado la mayor parte de su esfuerzo investigador a las células ganglionares de la retina. Estas células son las responsables de transmitir la información del ojo al cerebro ayudadas por su prolongación, que es el nervio óptico. Lo que hace el glaucoma es matar de manera progresiva estas células sin que el paciente que lo padece lo perciba -es una patología asintomática- hasta que ya es demasiado tarde.

Uno de las razones de esa muerte de células se asocia al aumento de la presión intraocular. Por este motivo, el equipo de Vecino aplica a los animales un aumento de la presión durante un periodo de tres a seis meses, lo que produce una muerte celular similar a la detectada en humanos. Sus metas son estudiar los mecanismos celulares y moleculares que causan la enfermedad, establecer metodologías que permitan la prevención o, en todo caso, un diagnóstico precoz, y desarrollar terapias con las que detener el avance de la ceguera.

La calidad de su investigación se ha visto refrendada por varias distinciones. Una de las más destacadas ha sido el premio de la Sociedad Americana del Glaucoma, que por primera vez ha concedido este galardón a un proyecto europeo. A éste se ha sumado en los últimos días el obtenido en la tercera convocatoria de los Premios Internacionales de I+D Biomedicina y Nuevas Tecnologías para Ciegos de la ONCE. En este caso, el premio es al proyecto Desarrollo y Valoración de Nuevas Terapias para Enfermedades Degenerativas Retinianas, que realiza el equipo de Elena Vecino en colaboración con el grupo del profesor Gustavo Aguirre, de la Universidad de Pensilvania. Ésta es otra línea de investigación sobre unas patologías que, a diferencia del glaucoma, son mucho más agresivas y aparecen en edades tempranas.

Estos reconocimientos, a los que se suma la consecución desde 1996 de proyectos europeos, nacionales y de la propia universidad, se logran con una dedicación que se desarrolla en unas condiciones que Elena Vecino califica como "precarias". "Tenemos una limitación de medios que perjudica nuestra investigación. Pese a ser pequeño, somos un grupo puntero y consolidado, pero como no contamos con muchas personas, no podemos entrar en las convocatorias para grandes grupos", denuncia.

El animalario de la UPV no cuenta con espacios acondicionados para los cerdos con los que experimenta, por lo que debe trasladarse a la Universidad de Salamanca; su despacho es el despacho del grupo; uno de los instrumentos fundamentales para su investigación, valorado en 35.000 euros, se ha estropeado y deben utilizar el de otros grupos... La lista de agravios no es escasa. "Desde la universidad no se hace una evaluación de la productividad de los grupos, no se valoran sus publicaciones, sus premios... lo que hace que no contemos con un espacio digno ni con el material que solicitamos. No tenemos la infraestructura necesaria y tenemos que vivir del préstamo con otros grupos. A pesar de todo, somos productivos y, con mejores condiciones de trabajo, mejoraría también nuestra calidad", sentencia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 7 de diciembre de 2004