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Crítica:TEATRO

Metáfora de Dios

Temo que Nekrosius crea firmemente que el texto de El cantar de los cantares refiere la relación de Dios con la humanidad, de amor total, que es la oficial. Profética, puesto que el supuesto autor, el rey Salomón, nació y murió antes del cristianismo; en la escenificación de este gran creador de teatro hay hasta una metáfora de la crucifixión. Hay, en realidad, de todo: muchos símbolos fálicos, los hay vaginales, y hay, en fin, mujeres y hombres que se acercan, pero nunca excesivamente. Está la manzana del jardín del Edén, una araña que puede ser la serpiente o demonio. Y, al final, después de una música repetitiva, del estilo new age, unos rollos de papel -el Libro- que forman un órgano de catedral, quedan solos en el escenario, radiantes de luz y con el sonido apabullante de un himno religioso: la Iglesia triunfante.

El cantar de los cantares

Del rey Salomón. Escenografía y dirección: Marius Nekrosius. Compañía Meno Fortas. Festival de Otoño. Teatro de Madrid.

Nekrosius y su compañía no son sólo un imaginativo conjunto que mantiene largamente en escena esta especie de ballet, sino también unos creadores para teatro de festival: es decir, saben que su lengua es minoritaria y que tienen que resolverse con mímica para ser entendidos por espectadores de muchos idiomas. Es una de las objeciones que muchos críticos sostienen frente a los festivales: la lenta desaparición de la palabra.

Nekrosius supone que El Cantar de los cantares es suficientemente conocido como para poder actuar sin recitarlo, salvo en unos cuantos versos que se traducen en un panel electrónico. Por cierto que, habiendo tantas traducciones en castellano maravilloso, podrían haber elegido una cualquiera en lugar de hacerla nueva.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 23 de octubre de 2004