Crítica:FERIA DE ALMERÍA | LA LIDIACrítica
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Amor a primera vista

Estaban hechos el uno para la otra: El Fandi se presentó ayer en Almería y surgió un romance tórrido, que permitirá al granadino tener un sitio en el olimpo taurino almeriense, seguro que con los celos de Granada. Hizo de todo con el capote en una labor tan variada como apresurada. El toro tomó un "puyazo interruptus" y llegó el espectáculo en banderillas: dos pares de la moviola, mejor el segundo, y un recorte al violín, además de parar al toro corriendo hacia atrás. Aquí debía haber terminado su trabajo, pero se empeñó en coger la muleta sin necesidad alguna, a pesar de lo cual derechizó a todo el mundo y dio incontables molinetes. Menos mal que, antes o después, todo termina. El trueno gordo vino en el quinto, en el que repitió actitud con el capote, haciendo las delicias de los tendidos con lopecinas y otros lances y, sobre todo, en tres pares, dos de ellos empuñando cuatro banderillas, poniendo el primero al violín; como el toro tenía muchos pies, lo alcanzó en el segundo y quedó algo conmocionado. Con el público en pie, citó de rodillas, puso un par al quiebro y detuvo al toro en los medios, viéndose obligado a dar la vuelta al ruedo. Basó su trabajo con la muleta por el inhabitual lado izquierdo, consiguiendo naturales sueltos de mayor calidad que la acostumbrada, si bien hay que tener en cuenta que enfrente tenía un ejemplar que se comía la muleta.

Domecq / Uceda, Fandi, Jiménez

Toros de la Ganadería Marqués de Domecq, bien presentados, aptos para el lucimiento en el último tercio. Uceda Leal: estocada algo desprendida (ovación); pinchazo, estocada (ovación). El Fandi: estocada contraria (oreja); media estocada, descabello (dos orejas). César Jiménez: estocada caída (ovación); tres pinchazos, media defectuosa -aviso-, descabello (ovación). Plaza de Almería, 28 de agosto, 7ª de feria. Tres cuartos de entrada.

Uceda Leal acudió con una actitud aristocrática y de buen compañero

Uceda Leal acudió con una actitud aristocrática y de buen compañero, dispuesto a dejarse ganar la pelea por cualquiera. Dio muchos pasos atrás en el intento de lancear a un enemigo carente de codicia y con tendencia a salir suelto. La faena fue una exhibición de posturas en las que no participaba necesariamente la res, parada y queda. Por cierto que el maestro se puso chulo con ella: con esto ya podrá. Mucho más meritoria fue la labor de Uceda en el cuarto, al que recibió con vulgaridad. El toro fue al caballo que no era y tomó un par de varitas que permitieron a José Ignacio soñar el toreo, mientras los espectadores soñábamos cualquier otra cosa menos aquella faena, perfectamente equilibrada por ambas manos, siendo tan mala una como otra. Cuando se iniciaba el crepúsculo, él ya se había eclipsado tiempo atrás. Fue breve. Gracias.

César Jiménez estuvo tan relamido y premioso en los entreactos como veloz en el acto propiamente dicho. Aseadito con el capote, no consintió que su enemigo sangrase en varas. Tiró líneas por bajo y trazó las tandas con la derecha a considerable velocidad. Dicen las normas que el toro ha de ir toreado, pero que si quieres arroz: iba por libre y no coincidía con su matador, que lo molió a trapazos vertiginosos. El toro se medio rajó aburrido, mientras que el torero puso de manifiesto que ni tiene sitio ni lo conoce.

El sexto tampoco fue picado y Jiménez le recetó una tanda de rodillas en el platillo. Jugó con las distancias en su doble sentido de dárselas al toro y de mantenerse lejos. Toreó ligado con la diestra a un toro bravo en la muleta pero, como tiene todo fin en este mundo, pasado un rato, se echó la muleta a la izquierda bajando la calidad y disolviéndose, posteriormente, la faena.

La feria de Almería ha dejado para el recuerdo una extraordinaria labor de Matías Tejela, faena de lujo bien construida y magníficamente desarrollada, llevando siempre el toro obligado y toreado en redondo, tanto con la mano izquierda como con la derecha. El toreo de Ponce, espoleado por el triunfo de Matías, surgió con la técnica que le caracteriza, no teniendo empacho en recurrir a los alardes para conseguir los trofeos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 28 de agosto de 2004.