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CULTURA Y ESPECTÁCULOS

El actor Russell Crowe enchufa su guitarra eléctrica

El neozelandés Russell Crowe, una de las estrellas más rutilantes que ha dado la industria de Hollywood a lo largo de la última década, ha decidido regresar momentáneamente a sus raíces como líder de una banda de rock and roll. El actor, que ganó un Oscar con su papel de general Máximo en Gladiator, se coloca al frente de un sexteto de nombre estrafalario, 30 Odd Foot of Grunts (algo así como Once Metros y Pico de Gruñidos, en traducción libre), con el que acaba de grabar su cuarto álbum, titulado Other ways of speaking. El álbum, que en España verá la luz la última semana de agosto, incluye como momento estelar el tema Never be alone again, compuesto por el propio Crowe e interpretado a dúo junto a Chryssie Hynde, la cantante de The Pretenders.

Crowe, que este año ha cumplido 40 primaveras, gusta de presumir que su vocación rockera es muy anterior a la faceta artística que le ha proporcionado reconocimiento mundial y colosales ingresos. Con sólo seis años, ya afincado en Australia, sus padres le regalaron la primera guitarra. Al parecer, una de las primeras canciones que compuso, en plena adolescencia, llevaba el premonitorio título de Me gustaría ser como Marlon Brando. Lo cierto es que TOFOG ejerce como formación estable desde 1992 y en Australia suele alcanzar los diez primeros puestos de las listas de ventas con cada lanzamiento.

La nueva entrega musical del protagonista de El dilema o Una mente maravillosa corrobora el estilo tosco y rústico de los Grunts, una banda que a veces remite al pop ochentero de sus paisanos INXS o Midnight Oil pero que encuentra su máxima fuente de inspiración en el rock de raíz del ídolo local Paul Kelly. Las primeras críticas certifican la buena pegada del grupo, aunque le imputan un cierto anacronismo. "Es una banda interesante en la tradición pub-rock australiana, pero suenan como si el álbum estuviese desfasado entre 10 y 15 años", objeta Stephen Thomas Erlewine, el cronista de referencia en All Music Guide. Y agrega: "Parecen de los tiempos en que Amnistía Internacional promovía conciertos solidarios".

Pese a todo, Russell Crowe no quiere resistirse a la tentación de empuñar su guitarra y afinar esa voz profunda y arenosa que tantos seguidores le ha reportado. "Lo bueno de subirse a un escenario a tocar", argumenta, "es que ahí no tienes una red de seguridad. Si eres una persona que ha logrado cierta celebridad y quieres un ejercicio que te devuelva a la tierra, no hay nada como enrolarse en una gira de rock".

A menudo, al que fuera novio de Meg Ryan le reprochan que pretenda comerse "dos porciones del pastel" de la fama. "Ésa es una perspectiva muy mediocre", arguye.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 16 de agosto de 2004