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PUNTO FINAL | Eurocopa 2004

La sonrisa rusa

Qué puede escribir un escritor sobre el fútbol. No más que un futbolista sobre la literatura. La diferencia entre un futbolista y un escritor es muy pequeña. El uno y el otro viven de la reacción del público, pero hay una diferencia, no es muy grande, una nimiedad.

La diferencia está en la sonrisa. Yo veo poco el fútbol por televisión, pero un día empecé a ver un partido por la mitad y no pude dejar de verlo, y así fue que vi el partido hasta el final. Raúl había metido un gol, me daba absolutamente igual quién había metido el gol y a quién, yo sólo sé más o menos qué equipo juega y en qué Liga. Recuerdo unos cuantos nombres célebres, pero aquel día Raúl sonreía cuando metió el gol. Dio una patada en el balón, el público gritó con toda su fuerza y aquel día, por primera vez, sentí envidia hacia los futbolistas. Un jugador de fútbol le da a la pelota y unos segundos más tarde ya conoce el resultado. Raúl daba a la pelota y sonreía, oía los gritos de las tribunas y sonreía. Después del final del partido seguía sonriendo. La vida de un escritor es mucho más complicada. Yo a menudo sonrío cuando escribo, pero mi manuscrito tiene que llegar hacia la editorial y luego a la imprenta y más tarde a las librerías. Más o menos dos años más tarde sabré si he metido un gol o no. Dos años más tarde oiré los gritos en las tribunas o un total silencio. Será demasiado tarde. Cuando sale mi libro ya no puedo cambiar nada, pero incluso cuando tengo éxito siempre habrá detrás de mi sonrisa la tristeza de la espera del resultado. Cuando Raúl metió aquel gol y sonreía yo pensé que su trabajo no necesita ser traducido a otros idiomas. El mundo entero comprende perfectamente que un gol es un gol. No hace falta dar prueba de nada y los críticos no pueden nada. En raras ocasiones se puede criticar al juez, pero sólo en raras ocasiones.

Antes, cuando yo era más joven y no comprendía casi nada de la vida, yo era un forofo del equipo de Rusia de hockey. Yo era un forofo del equipo más fuerte del mundo. Ahora soy un forofo de los débiles. Cuando veo el fútbol me siento del lado de los japoneses, me encantan los futbolistas japoneses. Si un día alguno de los equipos de hockey africano llega hasta el campeonato del mundo yo estaré del lado de los africanos. Una vez tuve muchísimas ganas viendo las olimpiadas de que ganase un esquiador africano. Cuando los españoles jueguen con los rusos yo estaré del lado de los rusos y el patriotismo nada tiene que ver con eso. A mí me gustaría ver sonreír a los rusos si ganan. Los rusos sonríen poco. Hace tres años, cuando yo todavía vivía en Rusia, yo no sonreía casi nunca. Ahora me pasa mucho más.

Los rusos son gente seria. Con toda seriedad hacen preguntas al portavoz del parlamento ruso sobre la Copa de Europa. Al portavoz del parlamento ruso no le gusta el clima de Portugal. Es una persona seria y un gran político. De antemano está descontento con el resultado del partido entre España y Rusia. Todavía no ha pasado nada y los políticos ya conocen todas las causas. Todavía nadie ha hecho la pregunta y los políticos ya conocen la respuesta. Qué gente tan seria son los políticos.

Nosotros, en nuestra gran mayoría, por suerte, no somos políticos. No necesitamos decir cosas poco serias poniendo cara de gente seria. Podemos sonreír cuando ganamos, cuando empatamos y lo que importa más, sonreír cuando perdemos. Yo voy a desear que ganen los rusos. Quizá muchos españoles lo harán conmigo, porque estar del lado de los más fuertes es demasiado fácil. Aquel esquiador africano llegó el último. Lentamente esquió hacia la meta sonriendo.

Rubén Gallego es escritor. Traducción: Aurora Gallego.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 12 de junio de 2004