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Signos

La verdad de Chaves Nogales

La reedición de la biografía de Belmonte confirma la recuperación de la obra del escritor

"El día que se torea crece más la barba. Es el miedo. Sencillamente, el miedo. Durante las horas anteriores a la corrida se pasa tanto miedo, que todo el organismo está conmovido por una vibración intensísima, capaz de activar las funciones fisiológicas, hasta el punto de provocar esta anomalía que no sé si los médicos aceptarán, pero que todos los toreros han podido comprobar de manera terminante: los días de toros la barba crece más aprisa". Este párrafo magnífico, donde no sobra ni falta una palabra, da inicio al 16º capítulo de una de las mejores biografías escritas en lengua española: Juan Belmonte, matador de toros.

Las obras de su autor, el periodista y escritor Manuel Chaves Nogales (Sevilla, 1897-Londres, 1943), viven un periodo de reivindicación en los últimos años. Buena prueba de ello es la reciente reedición de Juan Belmonte, matador de toros (1935) en la prestigiosa Alianza Editorial. La colección El Libro de Bolsillo de la editorial madrileña ha vuelto a sacar a la calle esta obra mítica, a la que el vivificante boca a boca de los lectores ha salvado del olvido.

Otra muestra del inmenso talento del escritor sevillano publicada en los últimos años es

Cuatro historias de la República. (Destino). Este libro reúne artículos escogidos de cuatro periodistas de la II República. Julio Camba, Gaziel, Josep Pla y Manuel Chaves Nogales escriben sobre el clima político y social de la época. El libro recoge tres artículos de Chaves Nogales. El primero analiza la situación política en Cataluña; el segundo es una entrevista con Joseph Goebbels, que, años más tarde, se convertiría en uno de los carniceros del III Reich, y el tercero trata sobre la celebración de la Semana Santa en la República.

La Diputación de Sevilla también ha jugado un importante papel con la edición de la Obra periodística de Chaves Nogales en dos gruesos tomos. Los relatos reunidos en el libro A sangre y fuego (Espasa) han sido publicados asimismo en este periodo de recuperación de Chaves Nogales. "De todos los cientos de relatos o novelas que se han escrito de la guerra civil acaso ninguno puede compararse a A sangre y fuego, de Manuel Chaves Nogales. A su lado muchas de las páginas de tantos otros -Foxá, Max Aub, Neville, Baroja, Borrás, Petere, Barea- parecen oscurecerse faltas de nervio o sobradas de retórica guerrera. Ni han contado lo que él contó ni lo contaron de la misma manera", escribió Andrés Trapiello sobre este libro.

"Su prólogo, por ejemplo, debería figurar, íntegro, en todos los manuales de historia, de periodismo y de literatura, como modelo de probidad y de tino, tanto más cuanto que fue concebido en medio del desastre, sin tiempo para componer la figura, corregir el tiro o enmendarlo, como luego se hizo a menudo", añadió Trapiello.

Chaves Nogales no comulgó con las ruedas de molino de fascistas y comunistas. Y quizás esto lo pagó caro porque muchos simpatizantes de ambas corrientes políticas le negaron el pan y la sal a su obra. Sin embargo, contra la buena literatura nada puede el sectarismo. Chaves Nogales es un ejemplo de ello cuando se cumplen 60 años de su muerte en el exilio londinense, lejos de güelfos y gibelinos, de tirios y troyanos.

"Mi única y humilde verdad era un odio insuperable a la estupidez y la crueldad... Pero la estupidez y la crueldad se enseñoreaban de España... Los caldos de cultivo de esta nueva peste nos los sirvieron los laboratorios de Moscú, Roma y Berlín, con las etiquetas de comunismo, fascismo o nacionalsocialismo", señaló Chaves Nogales. "De mi pequeña experiencia personal, puedo decir que un hombre como yo, por insignificante que fuese, había contraído méritos suficientes para haber sido fusilado por los unos y por los otros", agregó el escritor sevillano.

Ha pasado el tiempo y las páginas de Chaves Nogales siguen estando tan vivas como siempre. Leer Juan Belmonte, matador de toros es una excelente ocasión para comprobarlo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 7 de enero de 2004