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Reportaje:

El nuevo camino de La Formiga d'Or

La librería más antigua de Barcelona reabre sus puertas el martes tras una profunda reforma para modernizarla

Bajando por el Portal de l'Àngel a mano derecha, entre tiendas de ropa y zapaterías, resistía hace años una librería. La Formiga d'Or, abierta desde 1885, es la decana de las tiendas de libros en Barcelona y el próximo martes inaugura una reforma con la que sus propietarios quieren convertirla en una de las más modernas. Sus competidores, dicen, no serán las demás librerías, sino las otras tiendas de la vía comercial más concentrada de la capital catalana. "Queremos poner la cultura al alcance de todo el mundo, algo que muchas veces depende del precio", señala Ingrid Pi, copropietaria de la nueva Happy Books-La Formiga d'Or.

El proceso que culminará con la celebración del martes por la tarde empezó hace dos años, cuando Pere Fàbregues i Morlà, de la familia propietaria de La Formiga d'Or, se asoció con Josep Pi i Caparrós, dueño de las librerías Happy Books. Los suyos eran dos conceptos de librería en principio opuestos. La primera, tradicional, con quiosco y papelería y, lo más importante, dedicada en buena parte al libro religioso. La segunda, más agresiva, con libros de oferta, importados, de regalo, exclusivas y libros editados por ellos mismos. Con la asociación empezaron los cambios: se eliminaron el quiosco y la papelería y a la oferta tradicional de La Formiga d'Or se añadió la de Happy Books.

Algunos de sus antiguos clientes se pusieron entonces alerta. Sin embargo, éstos han visto que los libros religiosos no han desaparecido de sus estantes. Explica Fàbregues que cuando rubricó la asociación con Pi se quisieron conjuntar las dos líneas: "Pensamos que el tipo de librería que tiene Happy Books era muy apropiada para el Portal de l'Àngel, pero también entendíamos que La Formiga tenía que conservar su signo religioso".

Y no sólo eso. Además del espacio dedicado a la librería generalista y la sala de libro religioso, la Happy Books-La Formiga d'Or tendrá salas dedicadas al libro de bolsillo y al público infantil. Esta última, con libros y juguetes didácticos, tendrá su entrada por la calle del Duc de la Victòria. Es el espacio que antes ocupaba el almacén de la librería, de 200 metros cuadrados, convertido ahora en espacio comercial: "Tener un almacén en el centro es ahora un lujo asiático", bromea Fàbregues. Con este doble acceso, la librería, con un total de 600 metros cuadrados y una oferta aproximada de 100.000 títulos, se convertirá en un pasaje alternativo para transitar por el corazón comercial de Barcelona.

Como las vecinas librerías Catalònia, de la plaza de Catalunya, y la Central del Raval, de la calle de Elisabets, la Formiga d'Or se ha tenido que adaptar a los nuevos tiempos. Tras la irrupción en Barcelona de sedes de grandes cadenas tipo FNAC o Casa del Libro (Grupo Planeta), las pequeñas librerías independientes han tenido que renovarse a base de crecer y fortalecerse. Algunas veces asociándose entre ellas -es el caso de la Catalònia, cuyo accionariado cuenta con la participación de diversas librerías de fuera de Barcelona, y de las mismas La Formiga d'Or y Happy Books- o con un grupo editorial -la Central del Raval, con el Grup 62.

Cada semana pasan por el Portal de l'Àngel medio millón de transeúntes. Bernat Fàbregues, hijo de Pere y responsable y copropietario de la nueva librería con Ingrid y Josep Pi, hijos de Josep Pi, explica que estas 500.000 personas son sus compradores potenciales. Las obras de reforma, llevadas a cabo por el despacho de arquitectos de Xavi Vancells, Franc Fernández y Carles Puig, van en esta línea. Aunque los operarios estarán trabajando hasta el mismo martes, ya se puede intuir un poco el resultado: suelos de colores, paredes y arcadas pintados de blanco y mucha luz. "La gente entra por impulso en los sitios. Pensamos que por qué no hacer una librería con un tipo de imagen y luminosidad tanto o más agresivo que el de una zapatería o una tienda de ropa como las que hay en el Portal de l'Àngel", concluye Bernat.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 30 de noviembre de 2003