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Reportaje:

Makelele sólo despierta indiferencia

El francés vuelve a entrenarse con el Madrid entre el silencio generalizado de los aficionados

Claude Makelele acudió ayer a la Ciudad Deportiva para entrenarse, lo cual suponía una novedad en vista de lo ocurrido en los últimos días, pero su presencia tuvo aroma a despedida. Eso, al menos, debieron pensar algunos de sus compañeros cuando, en la solemnidad del vestuario, oyeron las palabras del centrocampista francés, que les comunicó su intención de no volver a vestir la camiseta del Real Madrid. Lo mismo le dijo a su técnico, Carlos Queiroz, antes de hacer un aparte con Raúl, el capitán, al que desgranó los motivos de su controvertida decisión.

Makelele explicó a sus compañeros que no quería engañarles, que el hecho de que se entrenara con ellos no significaba que hubiera dado marcha atrás. Habló el francés de que debía un respeto a la plantilla y, por ello, tenía que decirles la verdad. Y la verdad es que no tiene intención alguna, ocurra lo que ocurra, de volver a jugar con el Madrid. Posteriormente, el francés señaló a Raúl que, si su presencia en aquel vestuario podía perturbar el mal ambiente del equipo, estaba dispuesto a cambiarse en otra habitación de la Ciudad Deportiva.

Regresó Makelele a la Ciudad Deportiva y lo que allí se encontró fue un ambiente de absoluta frialdad e indiferencia por parte de los aficionados. Los gestos de calor hacia él apenas los tuvieron algunos compañeros poco antes de iniciarse el entrenamiento de la tarde. Helguera le habló jocosamente, McManaman le abrazó y Morientes le puso la mano sobre el hombro mientras Carlos Queiroz, el técnico, explicaba a todos los ejercicios a realizar.

Sin embargo, el centrocampista francés sigue empeñado en marcharse, posibilidad que el club rechaza de forma categórica a pesar de la insistencia de los agentes del jugador, que no cejan en su empeño de reunirse con el presidente madridista, Florentino Pérez. "Nuestra postura, que consiste en retenerle hasta el vencimiento de su contrato, en 2005, no ha cambiado ni cambiará un ápice", confirmó una fuente oficial del club, que, asimismo, negó cualquier conversación con sus abogados para suavizar su expediente disciplinario.

Acompañado por tres familiares, Makelele apareció en la Ciudad Deportiva pasadas las seis y media de la tarde. Tanto en la puerta de acceso como en la zona de aparcamiento de los coches de los futbolistas, la inmensa mayoría de los seguidores madridistas, unos 200, no tuvo hacia él ni palabras airadas ni actitudes amenazantes. Más bien optaron por el simple murmullo.

Uno de ellos, Gerardo, observaba atentamente su llegada mientras sostenía un cuaderno con una pegatina madridista: "Me parece fatal lo que ha hecho. Si ha firmado un contrato es para cumplirlo. Además, está dando un pésimo ejemplo a sus compañeros". Pero el hipotético desdén de los aficionados fue todo silencio. Únicamente uno le gritó: "¡Eres un golfo!".

Pero, por entonces, el francés ya se había introducido en los vestuarios, donde le aguardaban los restantes miembros de la plantilla, excepto Zidane y Figo -se entrenaron por la mañana en solitario- y Beckham, que tenía permiso para asistir al entierro de Jimmy Davis, un joven compañero en el Manchester fallecido recientemente en accidente de tráfico.

Finalizado el entrenamiento, Makelele abandonó a paso ligero las instalaciones. Entonces sí pudo escuchar algún grito de "¡pesetero!". Requerido por los periodistas, ni siquiera se detuvo. De su boca sólo salieron dos brevísimos comentarios. "Bien, bien", respondió cuando se le preguntó cómo le había ido la vuelta al trabajo y "eso no, eso no" cuando se le interrogó acerca de su futuro. Un futuro que, según comunicó a sus compañeros, descarta vivirlo vestido de blanco, aunque siga acudiendo día a día a entrenarse con ellos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 22 de agosto de 2003