Columna
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Plamps

Plamps es un hijo misterioso, digamos que intelectual, de dos políticos valencianos. Ha venido al mundo hace poco, y, sin embargo, su biografía ya se antoja larga, lo que es toda una extrañeza. Se sabe, por ejemplo, que Plamps es un buen chico, cosa muy importante en estos tiempos que corren, donde la perfidia nutre tantas carreras políticas, artísticas, empresariales o deportivas.

También se sabe que Plamps es un hombre que tiene trato frecuente con el tedio, y por ello, sin duda, anda tan corto de fama. Aún así, hay que reconocer que esa invisibilidad de Plamps no es un mal rasgo: suele ser propia de las sociedades del bienestar. Por eso nunca sabemos quién es el presidente de Suiza, ni falta que nos hace.

Plamps es todavía joven, alto y más bien delgado, y su rostro una mezcla de magrebí católico y calvo y de germánico moreno y agnóstico. Plamps tiene una larga trayectoria en la política, pues en realidad no hizo otra cosa en la vida desde los tiempos de estudiante. Lo suyo son las reuniones y los programas, las arduas discusiones partidarias. Aparte de eso, y según qué temporadas, Plamps también conoció las mieles de la gestión, los nombramientos y las decisiones.

Ahora bien, aunque Plamps pasó por varios puestos y alcanzó diversas responsabilidades, en ninguna dejó huella.

Plamps tiene un programa: luchar contra el paro y la delincuencia, mejorar la educación, integrar a los inmigrantes, invertir en fastos culturales, intentar (en vano) la eliminación de las listas de espera en los hospitales, y también reformar el estatuto. Este programa Plamps lo abordará desde un inevitable aura de interinaje, que por algo es hijo de dos políticos que tienen marchamo de interinos: uno porque es el valido de un ministro; el otro porque está muy lejos del peso específico que tuvieron, en Valencia, otros líderes de su formación.

Plamps, en fin, comparte un mal sueño con sus padres, o consigo mismo: cree que en la noche del 25 de mayo el nuevo presidente in péctore de la Generalitat Valenciana no se apellidará Plamps. Luego se despierta y se tranquiliza.

* Este artículo apareció en la edición impresa del lunes, 07 de abril de 2003.