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LA VENTANA DE MILLÁS

Amadeus

Me duermo unido a una pequeña radio por el cordón de sus oigo todavía encendida y debo buscar a tientas entre las sábanas para desconectarla. Hoy, cuando desperté, me pareció que sonaba una pieza de Mozart. Seguí el cable desde la oreja derecha, pero al llegar al extremo, en lugar del receptor, mis dedos sólo encontraron la clavija desnuda; un milisegund auriculares. Con frecuencia, en medio del sueño, lao después cesó la melodía. Me sobresalté tanto que tuve que levantarme. En la sala, mientras fumaba un cigarro, descubrí que había reconocido la música, y el malestar se hizo entonces insoportable: era el Réquiem.

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