Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

El ex internacional ruso ejerce de padre en la Ciudad Deportiva

Dimitri Tscheryshev ha cruzado la delgada línea roja. Si en tiempos bélicos es la que diferencia la cordura de la locura, el bien del mal, en el lenguaje futbolístico coloca una barrera entre el deporte profesional y el aficionado. Es la diferencia entre ser internacional absoluto con Rusia y militar en el Dinamo de Moscú, el Lokomotiv, el Sporting de Gijón y el Burgos y pasar a jugar en el Aranjuez, un equipo madrileño inmerso en la categoría Regional Preferente.

A sus 33 años de edad, la cabeza ya le funcionaba más como padre de familia que como jugador. Le tiraba demasiado ver cómo crecía su hijo Denis, de 12 años; cómo mejoraba en la Ciudad Deportiva del Real Madrid, en las categorías inferiores del club blanco. 'Yo era más torpe y miedoso. Veía un defensa más alto que yo y me entraba pánico. Además, él tiene más técnica que yo', confiesa Tscheryshev sin quitar el ojo a Denis mientras disputa un encuentro.

El ex jugador del Sporting recala en Aranjuez para seguir los pasos de Denis, de 12 años, que despunta en el Real Madrid

Pero él, en principio, no quería terminar su carrera en la Regional Preferente. No deseaba dejar el fútbol con semejante sigilo. Prefería un final un poco más romántico. Por eso llamó a las puertas del Getafe y el Leganés, de la Segunda División, pero ya era tarde. El descenso del Burgos a la Segunda B a última hora le había supuesto un final de trayecto tremendista. El club castellano-leonés no tenía dinero para convertirse en sociedad anónima deportiva ni para pagar a la plantilla.

Por mediación del club de Chamartín se hizo realidad la opción del Aranjuez. Su llegada a este equipo provocó en él un pequeño movimiento sísmico. Por ejemplo, nunca antes habían visitado las cámaras de Canal + la entidad. Nada más conocer las instalaciones, no pudo evitar las comparaciones: 'El césped es mucho mejor que el de El Plantío [el campo del Burgos]'.

Al ruso lo que más le llamó la atención de su nueva categoría es la relación pueril que existe con el fútbol. 'Conozco a chavales en Gijón que, con contrato, se entrenan sin motivación alguna y, en cambio, aquí la gente viene a entrenarse después de trabajar. Eso sí que es increíble'.

Por el momento, las cifras avalan a Tscheryshev. Ha conseguido cinco goles, ha dado otras tantas asistencias y el Aranjuez está arriba en la clasificación. Claro que todo ello no le sabe igual que aquel gol, el único, que metió con la elástica rusa. Fue contra San Marino, en la primera oportunidad que tuvo de tocar el balón, pues salió en el minuto 86 del encuentro.

El ex del Sporting conoce de sobra los obstáculos que se va a encontrar su hijo. Sin embargo, mientras todo sea un proyecto etéreo, no pierde la ilusión y sueña con que su hijo 'termine siendo un crack'.

Si su futuro negocio quiebra, Dimitri tiene otra bala en la recámara. Daniil, su otro hijo, de dos años, ya ha comenzado a dar patadas al balón. 'Para su edad es muy rápido', comenta entre carcajadas. Es la pequeña franquicia Tscheryshev, la que sólo se explica a través de los genes.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 11 de noviembre de 2002