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Crítica:MORCHEEBA | POP

Mar de calma

Un mar de calma inmensa es lo que transmite este grupo británico, al que el lógico pase de moda del estilo trip hop parece haberle conducido a planteamientos pop algo más convencionales. En este sentido, el concierto celebrado anteanoche en Madrid, segundo en España tras el celebrado la noche anterior en Barcelona, discurrió por esos parámetros de delectación sonora a los que la baja velocidad de las canciones, francamente, favorece, aunque, si la actuación es larga, se corra el peligro de aburrirse uno un tanto.

Porque el trío compuesto por los hermanos instrumentistas Paul y Ross Godfrey y la vocalista Skye Edwards son al mismo tiempo orfebres de canciones y elaboradores de un sonido propio, bien reconocible y fácil de ser asimilado ya por grandes públicos. El de su concierto en la capital llenó la sala y no desperdició ocasión de sumar sus voces a la emocionante garganta de Sky Edwards, quien, al igual que sus compañeros, sonreía satisfecha al ver el predicamento que la banda tiene por estos pagos. El concierto discurrió entre la nostalgia de los temas clásicos de la banda -Trigger hippie, Tape Loop o Be yourself- y el nuevo interés del trío por otros ecos y sonoridades musicales, reflejados en las canciones de su último disco, Charango. Una excelente puesta en escena e iluminación ayudó a que el concierto cuajara desde el primer tema hasta el último bis, poniendo en evidencia que, sin vender exageradas cantidades de discos, Morcheeba tiene su sitio en el pop de comienzos de este siglo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 22 de octubre de 2002