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Crónica:

Montgomery tumba el récord de Greene

El estadounidense, con 9,78s, superó por una centésima la plusmarca de su compatriota en los 100 metros

Traca final de la temporada. Inesperada explosión del gran atletismo. Aún falta una reunión en Yokohama (Japón) y la Copa del Mundo por equipos, que engalanará Madrid el próximo fin de semana, pero parecía estar todo vendido respecto a las marcas. A estas alturas, y más aún en la cita final del Grand Prix, que se disputaba ayer en París, los dólares de los premios parecían ser ya los únicos protagonistas. Hasta el marroquí Hicham el Guerruj tuvo que hacer esta vez de liebre, porque no había, y demostrar su inmensa clase en los 1.500 metros para ganar por debajo de los 3m 30s que se le pedían para imponerse en la clasificación general. Pero en los 100 metros, en los que cada atleta es su propia liebre, surgió la sorpresa y la hazaña. Tim Montgomery, el estadounidense que este año ya había superado a su compatriota y plusmarquista mundial Maurice Greene -como el británico Dwain Chambers-, se tomó todas las revanchas. Con Greene de comentarista en la grada, le quitó el récord, ganó a Chambers la carrera y el Grand Prix -Marion Jones en mujeres- a El Guerruj. Deslumbrante. Montgomery venció en su El Alamein particular ante todos los Rommel presentes y ausentes aprovechando al límite sus bazas en una de esas pruebas que pasan a la historia como ideales. Con 9,78s, superó los 9,79s de Greene en 1999 y, para que no quedaran ya dudas, hasta los del canadiense Ben Johnson, anulados por dopaje, en Seúl 88. Montgomery puede enorgullecerse ya de ser el hombre más rápido del mundo, incluidos los tramposos.

El norteamericano Bob Beamon estableció su legendario récord mundial de salto de longitud en los Juegos de México 68 con 8,90 metros, que se mantuvieron 23 años, hasta los 8,95 que logró en los Campeonatos del Mundo de Tokio 91 su compatriota Mike Powell. Su salto entonces, con tiempo ideal, dos metros por segundo de viento a favor, justo el límite permitido -incluso fue discutida la medición-, el primero de la serie, relajado, motivado con el black power que explotarían más sus compañeros velocistas y cuatrocentistas, ha sido siempre el ejemplo de cómo sacar el máximo rendimiento en un instante. Montgomery hizo ayer lo mismo en una tarde magnífica, al límite del viento y al límite en su espléndida salida, con una velocidad de reacción de 0,104 milésimas de segundo, sólo cuatro por encima de la nula. Ahí empezó a fraguar su récord por una centésima. También el límite. A sus 27 años y con un físico discreto, 1,78 metros y 69 kilos, tenía 9,84s como mejor marca desde 2001 -9,91s este año- y hasta se había permitido ganar a Greene. Pero tenía muchos desquites que tomarse: sólo fue plata en los Mundiales de Edmonton 2001 y bronce en los de Atenas 97, siempre tras él; apenas suplente olímpico en Atlanta 96 y Sydney 2000; sólo integrante del relevo, plata en 1996 y oro en 2000.

Ayer incluso debía demostrar que el sucesor de Greene no era claramente el británico Chambers -24 años, 1,80 metros y 83 kilos- como se había evidenciado. Y lo logró. Con 49 zancadas por 45 de Chambers, saliendo ambos con la pierna derecha y cruzando también la meta con ella. Montgomery, de tranco más corto, siempre estuvo en cabeza tras su espectacular salida. Chambers pareció cazarle antes de media carrera, pero el estadounidense aceleró aún más su marcha ligera ante la potente de su rival, que perdió, pero igualó el récord europeo y británico de su no menos legendario compatriota Linford Christie en los Mundiales de Stuttgart 93.

'Es un sueño que tenía desde niño y que he cumplido', dijo Montgomery tras el récord; 'desde que hice 9,84s, sabía que podía bajar de 9,80s y acercarme a 9,75s'. Este año ha sido el velocista más regular al ganar siete carreras de 14 y sólo en una, precisamente en París, el 5 de julio, no estar entre los tres primeros. Hasta esa revancha se tomó ayer y... con el dorsal 79. Montgomery estará en Madrid, en La Peineta, con el equipo de América el viernes y el sábado. Greene voló ayer mismo a Yokohama con la rabia de haber perdido su récord y haber pasado esta temporada de imbatible a derrotado en todas las batallas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 15 de septiembre de 2002