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Crónica:TOLOSA | LA LIDIA

Muchas orejas y poca emoción

Otra vez el toreo moderno: toros bobones, de fácil manejabilidad, pero sin un atisbo de emoción en los graderíos. Las orejas se conceden como un notario que lee los planes de un difunto. Y así, Manuel Caballero sólo rubricó varias tandas de templados muletazos a su segundo de la tarde. A su primero, un inválido vocacional, lo toreó muy despegado, danzando un pase aquí y otro allá. Sin duda se salvó gracias al temple que lleva en sus dos manos. Mas todo ello sin la emoción que requiere una corrida de toros.

Eugenio de Mora estuvo toda la tarde acelerado. Es como si fuera pilotando un Ferrari de segunda mano. Sólo cabe atribuirle una tanda de derechazos largos y templados, que fueron exclusivamente uno, dos y tres.

Núñez / Caballero, Mora, Bautista

Toros de Carlos Núñez, muy manejables, pobres de cabeza y poca fuerza. Manuel Caballero: una oreja en cada toro. Eugenio de Mora: petición de oreja y oreja. Juan Bautista: silencio y estocada. Plaza de Tolosa, 23 de junio. 2ª y última de feria. Cerca de tres cuartos de entrada.

El francés Juan Bautista instrumentó algunos muletazos muy limpios en su primer toro. Sin embargo, tuvo el inconveniente de atracarse de pases y pases hasta el aburrimiento. En su segundo ejemplar toreó con la mano muy alta, movido, sin mandar, acelerado, aunque ejecutó la mejor estocada de la tarde.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 24 de junio de 2002