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Reportaje:ALEMANIA | GRUPO E

Ballack, 'el pequeño Kaiser'

La selección de Voeller se encomienda al que quiere ver como sucesor de Beckenbauer

El porte erguido en la carrera, elegante; el toque preciso con ambas piernas; el poderoso remate de cabeza. Y sus 25 años. Michael Ballack es la gran esperanza del fútbol alemán: der kleine Keiser (El Pequeño Emperador), según lo bautizó el prestigioso cazatalentos del Bayer Leverkusen, Reiner Calmund, en alusión a su parecido con el legendario Franz Beckenbauer, que empezó de medio centro antes de que la edad lo retrasara a la defensa como libre.

No es supersticioso y eligió el dorsal 13 porque quería asumir la bandera de Voeller

Por fin, Alemania ha encontrado alguien a quien encomendarse, un futbolista que con sus 17 goles y su luminoso juego ha roto la monotonía de la Bundesliga. Gracias a él, su equipo, el Leverkusen, fue el único de Europa que llegó vivo al final de las tres competiciones: la Liga, la Copa y la Liga de Campeones, aunque luego no ganara nada.

¿Será la maldición del 13? Éste es el dorsal que eligió Ballack, a modo de afianzar su personalidad, cuando llegó en 1999 al Leverkusen, que pagó por él cuatro millones de euros al Kaiserslautern. ¿Por qué el 13? Primero porque no es supersticioso. Y después, porque quería aprender a soportar el peso de esa camiseta, del número que durante tantos años lució Rudi Voeller, precisamente el actual seleccionador alemán.

Claro que los comienzos no fueron fáciles. El entonces técnico del Leverkusen, Christophe Daum, ahora en el Galatasaray después de haber reconocido su adicción a la cocaína, le dio la manija del equipo. Percibió sus enormes condiciones. Pero al chico le faltaba madurez y protagonizó uno de los mayores ridículos de la historia de la Bundesliga: marcó en su propia puerta en la última jornada de la Liga, ante el modesto Unterhaching, lo que supuso perder el campeonato y dárselo al odiado Bayern Múnich. Fue el día más triste de su carrera. Tocó fondo. Pero resurgió. La temporada pasada ya fue una de las sensaciones de la Bundesliga. Y en ésta lo ha sido de Europa. Mucho ha tenido que ver en ello el que ha sido su entrenador, Klaus Toppmoeller, amante del fútbol de ataque y, por tanto, de la clase que atesora Ballack.

Toppmoeller supo sacarle de encima la presión que le había agarrotado y le concedió los galones del equipo. Ballack empezó a estar a la altura de las grandes expectativas que había generado desde niño. También Voeller le dio el timón de la selección. Sobre todo, desde su estelar actuación ante Ucrania en la fase clasificatoria.

Antes de eso se pensaba que se arrugaba en los momentos clave, superado por la presión. Pero llegaron los dos partidos cruciales ante Ucrania, con Alemania a un paso de la eliminación, y apareció Ballack: marcó en la ida (1-1), en Kiev, y dos veces en la vuelta (4-1). Ya no hubo más discusiones. Atrás quedó su discreta Eurocopa de 2000, en la que sólo participó 63 minutos. El Mundial será otra historia.

De eso está seguro Beckenbauer, ahora presidente del Bayern Múnich, que se ha dado prisa en arrebatárselo al Leverkusen por unos 14 millones de euros. Antes el jugador rechazó una oferta del Madrid, según la prensa alemana. Beckenbauer quiere saber realmente si está ante su sucesor. Y renovar, de paso, el anquilosado juego de ataque del conjunto bávaro, que también ha fichado con el mismo objetivo al centrocampista Deisler, del Hertha de Berlín, otro de los jóvenes llamados a devolver el esplendor a Alemania. Deisler, sin embargo, tendrá que esperar: cayó lesionado en el último partido amistoso, frente a Austria, y se va a perder el Mundial.

Natural de Chemnitz, en la extinta RDA, Ballack es considerado uno de los últimos productos del sistema educativo comunista, si bien la caída del Muro, en 1989, le pilló con tan sólo 12 años. Dio sus primeros pasos en el Motor Karl Marx Stadt, posteriormente conocido como Chemnitz, antes de fichar por el Kaiserslautern. Allí, donde jugaba de carrilero, tuvo muchos problemas con su entrenador, Otto Rehhagel, que trató sin éxito de meterle en cintura dándole pocos minutos.

No era ésa la manera de educar a la joven y revoltosa promesa. Un tipo alto y atractivo, distinguido en cada movimiento, sobre quien cayó la etiqueta de ser una persona arrogante. El diario sensacionalista Bild Zeitung llegó a decir que se movía sobre el campo como un modelo sobre una pasarela. Quienes le conocen aseguran, sin embargo, que se trata de un tipo sencillo que dedica la mayor parte de su tiempo libre a su hijo recién nacido. El propio Ballack, interesado en cambiar esta imagen, suele mandar por el móvil mensajes de felicitación a los periodistas más cercanos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 29 de mayo de 2002