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Entrevista:JORDI MOLLÀ | Actor y director de cine

'Si no sales en la tele, no existes'

Con 33 años, estrena en los próximos días 'No somos nadie', su primer largometraje como director, que también protagoniza. Le gusta 'chafardear -soy un curioso-', caminar y mirarlo todo: 'Me obsesiona'. Encuentra importante la mirada de la gente, pero también la espalda. Porque 'una espalda es la conciencia. Lo que una persona no ve de ella misma'.

Pregunta. ¿De verdad que No somos nadie?

Respuesta. Somos todo. Por eso no somos nadie.

P. Bueno como jeroglífico. Y encima dice que no ser nadie es maravilloso.

R. Sí. Yo no sé por qué la gente se empeña en creerse alguien. Aparte de que ¿cuál es la diferencia entre no ser nadie y ser alguien? Tú eres lo que eres.

P. ¿Ser por primera vez actor y director hace que no tenga que aguantar que le corrijan?

R. Al contrario. Eres el máximo responsable. Yo creo que he respondido más preguntas en esta película que en toda la EGB.

P. Ha matado a repeticiones al equipo. ¿Es usted pesadísimo o perfeccionista?

R. Por desgracia las dos cosas van unidas. Yo estoy buscando. Repetimos y repetimos, hasta el punto de que, cuando pregunto: ¿Qué os parece? Y me dicen: 'Bien', hago otra toma.

P. ¿Por qué puso la tele en medio de su película?

R. Porque es la fuente que establece la diferencia entre quién es alguien y quién no.

P. ¿Existe más quien más sale en televisión?

R. Desde un punto de vista mediático, sí. Y para el pueblo, también. Tú puedes ser la leche en el terreno que sea, que, si no sales en la tele, es como si no existieras. De ahí el No somos nadie.

P. 'No veo una línea divisoria entre realidad y ficción'.

R. Pero eso ya me pasaba de crío. Yo tengo el don de la no ubicuidad, siempre estoy en el sitio donde me parece que no debería estar. Y me pregunto dónde estoy y dónde me han metido.

P. ¿Dónde está?

R. Intento estar conmigo. Tengo mucho ruido alrededor, por lo que se espera de mí: que satisfaga, sea educado, simpático, picarón, egoísta, manipulador, triunfador, tirano, todo.

P. ¿Y dónde le han metido?

R. Eso tiene que ver mucho con lo que se espera de Jordi Mollà, este chico mono y buena gente, que sabe perfectamente dónde está, aunque a veces le tengo que guiar.

P. En su película plantea que cualquier don nadie puede vivir del cuento.

R. Desgraciadamente. En vez de vivir la virtud de ser don nadie.

P. Cuentistas, hijos de la tele. ¿En qué se parece su personaje, Salva, a Carmina Ordóñez o a Antonio David?

R. En nada. Y eso que aparecer en la pequeña pantalla puede extrapolarse hasta entre vecinas, porque si te ven en televisión, aunque sea como público, eres la heroína del barrio. Y las relaciones cambian.

P. Dice que Salva se convierte más en un invento que en una persona. ¿Hay ejemplos en la realidad?

R. Los chicos de Operación Triunfo. Se los inventaron sólo porque sabían distinguir entre un do y un mi, y no tenían apellido -ahora ya sí lo tienen-; o los de Gran Hermano, que eran sólo Paco, Rosa, impersonales. Casi todo esto es una perversión.

P. Actúa, escribe, pinta, dirige. Y dice que es para huir de sí mismo. ¿No se aguanta?

R. Me aguanto bastante bien, sí. Porque unos días digo que es para huir, otros, que es para encontrarme, y otros, que no sé por qué lo hago.

P. Tiene un punto frívolo.

R. No frívolo, de contradicción, con dos patas que se aguantan.

P. 'Actuar me sirve para el dolor de estómago; escribir, cuando me duele la cabeza; dirigir, cuando me da un dolor general'. ¿Qué me aconseja para las muelas?

R. ¿Para las muelas? Que te compres un lavaplatos.

P. De todo lo que ha hecho hasta ahora, ¿qué salvaría especialmente?

R. Siempre digo que yo soy actor. Aunque he dirigido una peli, dos cortos, he escrito dos libros y he pintado unos cuantos cuadros.

P. 'Me da mucho más miedo un atardecer precioso en un cuadro que un óleo de un ser deforme; un bosquecito que una cabeza partida por la mitad'. ¿No ha ido al médico?

R. Es que me da más miedo lo perfectamente colocado, lo excesivamente bello. Me hace desconfiar. Y no he ido al médico porque creo que sé muy bien lo que estoy diciendo.

P. 'Me gusta más el viaje que llegar a los sitios'. ¿Es un insatisfecho o es que la meta siempre defrauda?

R. No es que la meta defraude, sino que yo soy un culo inquieto.

P. ¿Cuál es su mayor chapuza, aunque los demás no nos demos cuenta?

R. Conceder entrevistas, seguramente.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 28 de abril de 2002