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Crítica:ZARZUELA

La infancia recuperada

El teatro de La Zarzuela le ha cogido el pulso al género que le da su nombre. Después del patinazo de Pan y toros, ha aprendido la lección. El acierto pleno de El niño judío no se ha quedado como un hecho aislado. Ahora, con la maravillosa zarzuela de aventuras Los sobrinos del capitán Grant, vuelve a dar en la diana. Porque, digámoslo de entrada, el espectáculo que hasta el próximo 19 de enero de 2002 se puede ver en el teatro de la calle Jovellanos es una joya. Divertido, dinámico, disparatado, rebosante de invención y de recursos.

De entrada, arrebata su sentido de lo popular. Parte Paco Mir de un diseño impecable de los personajes en su dimensión cómica y existencial. Todos, sin excepción, están inmensos. Después está la atención a las situaciones, el planteamiento narrativo. Los gags se suceden; algunos de ellos son graciosísimos. No pongo ejemplos para no limitar la capacidad de sorpresa al posible espectador. No decae en ningún momento la tensión de la representación. En el fondo del mar, en Chile o Argentina, en Australia o Nueva Zelanda, las peripecias son resueltas con sencillez, sin ningún tipo de pedantería. Los artistas se lo pasan de miedo y transmiten esa alegría natural a los espectadores. El ritmo es irresistible. La propia zarzuela, así realizada, es irresistible.

Los sobrinos del capitán Grant

Música de Fernández Caballero. Libro de Ramos Carrión, a partir de la obra homónima de Julio Verne. Versión teatral y dirección escénica de Paco Mir. Dirección musical: Miguel Roa. Con Millán Salcedo (Mochila), Soledad Mallol (Portera), Milagros Martín (Soledad), Xavi Mira (Escolástico), Richard Collins-Moore (Sir Clyron), María Rey-Joly (Miss Kety), Fernando Conde (Doctor Mirabel), Miguel Sola (Capitán Grant), Laïka Fatien (Cantante maorí) y otros. Orquesta de la Comunidad de Madrid, Coro del teatro de la Zarzuela. Nueva producción. Teatro de la Zarzuela. Madrid, 20 de diciembre.

Guiño al absurdo

Es difícil destacar individualidades frente al trabajo de conjunto. El director musical Miguel Roa se siente en el género como pez en el agua. Los coros están mejor que nunca, la orquesta demuestra su afianzamiento. Cantan y actúan los solistas con desparpajo pero con una comicidad de buena ley. Hay ironía, un humor de infancia recuperada, algún guiño al absurdo más delirante y creativo.

Es un espectáculo ideal para descubrir lo más tierno y lúcido de la zarzuela, para asistir en familia, desde la abuela a los niños, como acto testimonial de estas fechas. Los sobrinos del capitán Grant puede competir sin ningún complejo, en cuanto a entretenimiento, con Indiana Jones o El señor de los anillos. Y tiene sobre ellas una ventaja: la dimensión cercana del teatro y las canciones. Es una fiesta, sí, pero una fiesta entrañable y nostálgica. Una fiesta de los sentidos y de la inteligencia. De verdad, no se lo pierdan.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 22 de diciembre de 2001