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Crónica:FÚTBOL | 13ª jornada de Primera División

Peiró salva el primer aviso

El gol de Osasuna en los últimos minutos cubre de tensión la victoria del Málaga

Los nubarrones se habían instalado sobre la cabeza de Joaquín Peiró después de las dos últimas derrotas del Málaga. Pero ayer el técnico madrileño salvó la cabeza y anuló el tirón de orejas que la directiva le dio la pasada semana. Con la grada de Gol derruida, el frío entró más que nunca en La Rosaleda y propició un partido poco vistoso, sin muchas ocasiones y muy dado al pelotazo.

El Málaga tomó la iniciativa -más le valía- mientras que los hombres de Lotina esperaban con una línea de cinco defensas. Esta disposición frenó el juego por las bandas del Málaga. A falta de penetración por los laterales, Peiró fundamentó el ataque en Sandro y Zárate, que se movieron cómodamente entre las líneas navarras. La carencia blanquiazul fue la habitual a lo largo de esta temporada: la conexión con los puntas. Dely Valdés tuvo pocas oportunidades ante la poblada zaga rival.

MÁLAGA 2| OSASUNA 1

Málaga: Contreras; Rojas, Litos (Josemi, m. 52), Roteta, Iznata; Gerardo, Miguel Ángel, Musampa, Sandro (Leko, m. 66), Zárate (Canabal, m. 66); y Dely Valdés. Osasuna: Unzue; Lekumberri (Armentano, m. 56), Olarra, Mateo (Manolo, m. 46), Contreras, Cruchaga; Pipa Gancedo, Puñal, Fernando, Alfredo (Montenegro, m. 56); e Iván Rosado. Goles: 1-0. M. 17. Dely Valdés remata de cabeza un córner lanzado por Zárate. 2-0. M. 46. Musampa saca un córner desde la zona izquierda y Zárate cabecea de forma impecable y la pone en la escuadra. 2-1. M. 93. Jugada por la izquierda de Fernando, que cede para que, a placer, la empuje Iván Rosado. Árbitro: Pérez Pérez. Amonestó a Roteta, Miguel Ángel, Sandro, Canabal, Pipa Gancedo y Mateo. 12.000 espectadores en La Rosaleda.

A falta de llegadas trenzadas, los goles del Málaga tuvieron que producirse en sendos córneres rematados de cabeza. Primero fue Dely Valdés. Y al filo del descanso, Zárate, poco dado a esta situación, definió a la perfección.

En la reanudación, los aficionados se la prometían muy felices. Pero Lotina quitó un defensa y libró a Iván Rosado de su soledad en la primera mitad. Armentano le echó una mano arriba. El remiendo sólo le dio más territorio y posesión a Osasuna, que tuvo algunas oportunidades pero no llevó el pánico a los jugadores de Peiró.

Los nervios sí llegaron con un gol de Rosado en la prolongación. A pesar del poco margen de reacción para Osasuna, la psicósis llegó a la grada. Y eso que el equipo de Lotina sólo tenía un minuto para empatar. Más de uno no quiso pensar qué habría pasado si el gol en contra hubiera llegado antes.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 19 de noviembre de 2001