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Crónica:

El Atlético se asfixia

El equipo madrileño, sin ideas, empata ante un Recreativo muy defensivo

No fue el día de Movilla, el centrocampista sin pelo del Atlético que lo mismo oxigena el centro del campo que inventa alternativas en ataque. No. No tuvo su día. Ni oxigenó nada ni propuso ninguna alternativa. Aunque tampoco fue el único jugador rojiblanco que se quedó en blanco asfixiado por la presión, el único argumento que presentó el Recreativo en el Calderón para arrancar un empate. La presión permanente. El ahogo continuo de cualquier opción de ataque rojiblanca. La ciega misión de defender y defender y defender.

ATLÉTICO 1
RECREATIVO 1


ATLETICO

Burgos; Otero, García Calvo, Hibic, Carreras; Aguilera (Correa, m. 58), Movilla (Colsa, m. 54), Nagore, Stankovic; Fernando Torres y Diego Alonso (Luque, m. 78).

RECREATIVO
César; Espínola, Alex, Loren, Galán; J. García, Soriano (Gallego, m. 76), Romerito (G. Molina, m. 63), Benítez; David; y R. Molina Bautista, m. 85).

Goles: 0-1. M. 16, Raúl Molina, sin dejar caer el balón, bate a Burgos de preciosa vaselina. 1-1. Diego Alonso pica el balón de cabeza tras un centro de Correa desde la izquierda.

Árbitro: Pérez Lima. Amonestó a Otero, Diego Alonso, Benítez y Espínola.

Unos 27.000 espectadores en el estadio Vicente Calderón de Madrid.

Y a pesar de esa rácana alternativa, de esa negación al balón, los onubenses se encontraron con un gol que proteger cuando apenas se había sobrepasado el cuarto de hora. Lo marcó Raúl Molina, un chaval de la cantera atlética que el año pasado fue el máximo goleador del filial. Y fue un tanto soberbio. Un golazo en forma de globo que dejó a Burgos mirando desde el punto de penalti, el cuello girado en escorzo, como entraba el balón cerca de la escuadra.

Un gol a favor y 75 minutos para controlar al Atlético más plano del curso. Ese era el plan del Recreativo. Y cerca estuvo de conseguirlo. Incapaz de sobrepasar el centro del campo, el equipo madrileño renunció a esa zona y se dedicó a lanzar pelotazos para que ni Fernando Torres ni Diego Alonso fueran capaces de sacarles el más mínimo provecho. El Recreativo regaló la pelota a los rojiblancos y se limitó a esperar, aunque un par de fallos en el pase de Hibic a punto estuvieron de suponer el segundo tanto andaluz. No fue Hibic de los más lúcidos en el Manzanares. Pero allí estaba García Calvo, otra vez impecable para ejercer de bombero cuando la situación lo requirió.

Eso, ese triste panorama para el Atlético, el de mirar al cielo para ver si caía el balón o para que alguien les concediese la gracia de un golpe de suerte, duró hasta la aparición de Colsa en el segundo tiempo. Es el cántabro otro centrocampista sin demasiado pelo pero con un motor inagotable lleno de ideas. Colsa dio mucha más profundidad al Atlético. Y en esas, en ese momento de acoso, combinaciones en el centro del campo y criterio, los rojiblancos pudieron empatar con un remate con el cuerpo lanzado hacia delante y el exterior de la bota de Fernando Torres. El chaval consiguió disparar sin dejar caer el balón, pero la pelota se marchó por muy poco.

Los rojiblancos jugaron veinte minutos, los que ocupan la franja central del segundo tiempo, bastante aceptables. Correa, entonado y mostrando una forma física insólita, se sacó entonces un centro al área desde la izquierda que remató picado al suelo el uruguayo Diego Alonso. Era el empate. Y con el ansiado gol todo se volvió de nuevo abajo. El Recreativo tuvo entonces varias ocasiones de recuperar el mando del partido. Dos, una de David y otra de Raúl Molina sin oposición ninguna cuando el partido entraba en sus minutos finales. No entraron y el desastre para el Atlético quedó rebajado a tropezón. Eso sí, el segundo consecutivo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 3 de octubre de 2001