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Diez años y 100 muertos después, ayer se colocó la primera piedra de las obras de la nacional II en el único tramo entre Lleida y Barcelona que no se ha convertido en autovía. Una combinación de movimientos de opsosición al primer trazado y recursos judiciales ha tenido la obra paralizada, en beneficio de la autopista de peaje. Hasta el ministro de Fomento, Francisco Álvarez-Cascos, con la paleta en la fotografía, reconoció ayer el derecho a la 'impaciencia' de los usuarios de la vía, que sin embargo prefirieron no manifestarse y tener la fiesta en paz. El plazo máximo para las obras es de 30 meses, lo que permitirá que sea inaugurada a escasas semanas de las próximas elecciones generales. El coste del tramo es de unos 119.000 millones de pesetas.


























































