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Crítica:MESTISAY | FOLK

Crónicas de un canario en Lavapiés

Explica Manolo González que el suyo es un oficio de 'hacer cancioncitas'. Suena a poca cosa, así dicho, pero las historias de este antiguo funcionario de la administración canaria, felizmente reconvertido en trovador y lúcido cronista, tienen esa rara virtud de cimbrear la fibra sensible de la gente, que las percibe cercanas y, sobre todo, sinceras. Son pinceladas a pie de calle, añoranzas de insularidad pero también esbozos de madres coraje, hijas rebeldes, domingos alborozados o confesiones sobre la paternidad feliz.

La magia de Mestisay (magia canaria, que dicen por el foro, con G bien sensual y oronda) volvió a hacerse carne este miércoles en Galileo con las canciones del nuevo disco del dúo, Mestisay, y la voz descomunal de Olga Cerpa al frente. Puede que Mestisay no tenga tanta chicha como Viento de la isla, porque aquel disco era una bendición (Niña Candela, Agüita agüita, Trovador de sueños), pero temas como Domingo en el barrio y, sobre todo, Cándida vuelven a pasar muy cerca del epicentro de las emociones.

Anduvo González menos dicharachero de lo que en él es costumbre y se notó que a la nueva banda le faltan aún no pocos kilómetros de rodaje. Pero todo se supera con las cancioncitas de Manuel y la voz pasional y desbocada de Olga, siempre inmensa. Esa voz que da vida y fuego a las crónicas de un canario felizmente infiltrado en el barrio madrileño de Lavapiés.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 15 de junio de 2001